viernes, 20 de octubre de 2017 05:30
Sociedad

La estabilidad emocional de la madre de Asunta empeoró en junio

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Los que conocen a Charín, como llaman sus amigos a Rosario Porto, saben lo feliz que la madre de Asunta, imputada junto a su exmarido por el crimen de la niña, volvía de cada viaje a Marruecos. En el último año tuvo que ir con frecuencia al país magrebí por negocios. Poco ha trascendido de lo que realmente hacía allí, más allá de que estaba ayudando a un empresario gallego a recuperar el dinero de una inversión que se había torcido.

«Volvía de Marruecos siempre con una sonrisa en la boca. Era alucinante lo bien que le sentaba. Siempre le decíamos que venía con las pilas cargadas», recuerda una allegada de Rosario Porto. Esa felicidad se truncó el pasado mes de junio. Cuando regresó de su último viaje a Marruecos, algo grave sucedió. «Vino descompuesta», añade esta misma persona, que prefiere mantenerse en el anonimato ante la trascendencia que ha tomado el caso.

Tras aquel último viaje a Marruecos en junio, Rosario Porto entró en barrena. En julio comenzó a tener frecuentes desvanecimientos y mareos que la obligaron a acudir al Hospital Clínico Universitario de Santiago en más de una ocasión e incluso a permanecer allí ingresada por unos días. Su diagnóstico fue que padecía un severo cuadro de estrés y ansiedad, así como depresión. Los médicos le aconsejaron que cesase toda actividad laboral y que descansase. También es público que tenía que tomar tranquilizantes, en concreto la misma benzodiapezina que las pruebas toxicológicas hasta ahora practicadas han hallado en la sangre y las vísceras de Asunta. Este es uno de los indicios de más peso, junto a la cámara de seguridad que grabó a madre e hija en coche de camino a Teo, entre los que el juez que investiga el caso, José Antonio Vázquez Taín, ha tenido en cuenta a la hora de enviarla a ella y a su expareja a la prisión de Teixeiro como principales sospechosos.

Ante sus graves problemas de ansiedad, los médicos le advirtieron que podía empeorar del lupus que desde hace años tiene diagnosticado y que le afecta especialmente a los huesos. Rosario Porto tuvo que echar el freno y su exmarido, Alfonso Basterra, tomó el control de asuntos que ella había dejado pendientes.

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