lunes, 23 de octubre de 2017 02:46
Opinión

Entre dos fuegos

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

El éxito de la Vía Catalana ha sentado muy mal a mucha gente en Madrid, pero también en otras partes del Estado, que por lo que parece, vivían en el limbo o, simplemente, se habían creído la versión oficial de que "lo de los catalanes" era un tema menor o fácilmente solucionable.

El éxito de la Vía Catalana ha sentado muy mal a mucha gente en Madrid, pero también en otras partes del Estado, que por lo que parece, vivían en el limbo o, simplemente, se habían creído la versión oficial de que "lo de los catalanes" era un tema menor o fácilmente solucionable.

Para este periodista el asunto ya viene de lejos. Cuando el Partido Popular recogía firmas por toda España contra Catalunya, me pillé un monumental cabreo, que la familia, preocupada por mi salud, trató de evitármelo invocando que pensara mas en mismo que en mi profesión. Esas Navidades regalé cava del Penedés a mis colegas de medio país. Luego, cuando lo de las cuñas de marras, en las que nos decían "No a la imposición del catalán. No a ley del PSOE. Partido Popular", me pillé otro subidón de adrenalina contra Luisa Fernanda Rudi y sus populares de Aragón, paganos de los mensajes en la radio que pudo conocer toda España. Entonces, los míos me llevaron a la médica de cabecera para que me subiera la dosis de las pastillas para la hipertensión. A continuación, aparecieron en escena un 31 de julio del 2006 Doña Soraya Saenz de Santamaria la misma que habla ahora de "la mayoría silenciosa" y Don Federico Trillo, entonces en la oposición, que muy serios ellos, "escenificaron" ante el Constitucional el conocido recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Estatut de Catalunya que habían bendecido fundamentalmente Convergencia y PSC y que significaba, de entrada, un paso adelante en lo que ahora se llama "el encaje de Catalunya en España".

Verlos, e indignarme, fue todo uno, porque adivinaba que detrás de este premeditado papel se escondía la certeza de que el Alto Tribunal, en el que permanecían Magistrados que ya se deberían haber ido a su casa, se escondía la certeza de que la oportunidad que se habían dado las grandes formaciones políticas de Catalunya se iría por el desagüe de la españolidad mas casposa ,para que los que apostamos por ese Estado federal que nos diferencie pero que no nos separe nos quedáramos con un palmo de narices y sin argumentos para defender nuestras ideas ante un independentismo cada vez mas crecido y a punto de penetrar de lleno en el conjunto de la sociedad catalana. Llegados a este punto, le dije a los míos que se preocuparan solo de su buen estado físico, porque el mío no le incumbía a nadie. Acababan de desahuciarme.

Hoy estamos donde estamos. A los que seguimos creyendo en una España plural con un Concierto económico para Catalunya igual o mejor que el que disfrutan Navarra y Euskadi, nos han dejado en medio de la refriega que ya ha comenzado de uno al otro lado del Ebro. Eso si, nuestros compatriotas catalanes ya nos llaman "unionistas" que es más fino, mientras sonríen con cierto aire de suficiencia, porque saben, que este proceso solo lo para la Legión y por poco tiempo, y también porque están seguros de que estos "pobres unionistas" atrapados entre dos fuegos defenderán cuando "pase lo que tenga que pasar" por su convicción democrática lo que decida la mayoría de los catalanes y solo eso. Si es la independencia, la independencia. Y si no es la independencia , pues lo que acordemos entre todos.

Solo una cosa me queda clara, que aunque recibamos de unos y de otros seguimos pensando que el modelo de Estado que proponemos es bueno para Catalunya, pero también para España.

Manuel Fernando González

Editor y Director

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