miércoles, 23 de agosto de 2017 21:34
Opinión

LA EXTRAÑA MORALIDAD DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ

David Fornons
David Fornons

Después del terrible accidente acaecido en Galicia, con el resultado de 79 personas muertas y mucho, mucho dolor en familias y amigos, sorprende (como acertada y afortunadamente ha destacado en su editorial, Galicia no se merece esta tragedia, el director de este periódico) la asignación de la responsabilidad al conductor. Cabe añadir lo extraño que resulta que el ministro del Interior don Jorge Fernández Díaz apresuradamente confirme la responsabilidad sobre el trabajador que conducía el convoy.

Los fallecidos, las familias, los seres queridos, Galicia, España y el mundo no se merecen la extraña moralidad de un ministro del interior que se atreve a culpabilizar él mismo al conductor del tren (qué valiente sí) por la televisión y en la agencia EFE explicando lo siguiente: 'Está en situación jurídica de detenido por la Policía por la imputación del presunto delito de homicidio por imprudencia'. Extraña moralidad la de buscar un chivo expiatorio de la forma más ruin a través de métodos y formas como ya ha explicado Manuel Fernando en su editorial.

¿Cuánto vale una vida humana? ¿Cuánto vale el dolor de una pérdida? Poco ¿no? o al menos lo suficiente como para buscar un perfecto culpable, un trabajador. No me cuesta imaginar en las mentes prácticas de estos políticos el lamento porque una de las víctimas mortales no haya sido el conductor, así muerto como pasó con el conductor del metro de Valencia, el ya culpable sin juicio ni tan sólo tiene que declarar. Y el estado, del que ellos son sus fieles servidores, no tendrá que asumir ningún coste o responsabilidad "extra" por una mala gestión y diseño, más allá de un fallo humano, del fallo de un trabajador.

Resumamos la situación, como muy bien ya se planteado la absurda afirmación de un tren de alta velocidad pero que iba a gran velocidad, no alta, descarrila en una curva peligrosa, que seguramente no podía construirse de otra forma, culpa de un conductor que cuatro kilómetros antes no obedece, supuestamente una señal y unos sistemas de seguridad que no queda claro si existían o que fallaron. Así pues el conductor es culpable, tanto como si le da una lipotimia, un infarto o vete tú a saber qué.

Claro, es la imperfección ya sabida de la clase trabajadora. No se trata de buscar culpables en unos recortes en seguridad, propiciados por unos políticos demasiado acostumbrados a meter la mano en la bolsa. Se trata que con la tecnología existente hoy en día, (a ver: se mandan sondas a Marte y los sistemas de seguridad ferroviarios llevan decenios inventados y funcionando) jamás debería haber sucedido esta tragedia. Lo que hubiera sido de esperar que el señor Fernández Díaz apareciera y dijese:

Esto no debería haber pasado nunca. Pienso llegar al fondo del asunto, desde por qué existía esta maldita curva, por qué había un cambio en el sistema de seguridad antes de entrar en la curva, quién fue la mente (más bien el descerebrado) que pensó tal estupidez, qué empresa es responsable de semejante chapuza, y si mi administración o la anterior para ahorrarse unos cuantos euros y no haber controlado, como es su trabajo, la seguridad y el servido a la ciudadanía son los responsables de esta tragedia que jamás debió suceder. Les prometo que hemos aprendido y desde el dolor de las víctimas decirles que por mi parte haré todo lo posible para que esto sea una tragedia que nunca vuelva a suceder. Y si tengo que asumir responsabilidades, las asumiré.

Pero no, no dirá jamás algo parecido y encima el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha censurado que existan 'algunos intereses económicos por parte de determinadas empresas o de suministradores de alta velocidad' en relación al grave accidente ferroviario registrado el miércoles en Santiago porque España se presenta a 'concursos internacionales de construcción de líneas de alta velocidad'. Y ha añadido que: 'España en alta velocidad y en seguridad de alta velocidad es de los mejores países del mundo, aunque a algunos países les pueda no interesar este hecho. No es una opinión política sino técnica', Feijóo, en primer lugar decirle que no creo que empresas internacionales ferroviarias se alegren de esta tragedia. Segundo no creo que peligre ningún negocio para ADIF en el extranjero. Tercero, es conmovedor que ha usted le preocupe dicho tema. Cuarto, no hay prisa para condenar al conductor, señor ministro, seguramente en otros países los conductores son más eficientes para conducir estos trenes tan españoles de ADIF. Y quinto un político licenciado en Derecho que habla como un ingeniero de un caso que no es político, sino técnico.
Esta extraña moralidad de Jorge Fernández Díaz y Feijóo desgraciadamente aumenta el número de víctimas y abren la puerta a su repetición. Claro que ellos nunca serán ni asumirán la responsabilidad. Extraña moralidad de estos políticos?

David Fornons

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