sábado, 19 de agosto de 2017 15:10
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LA ESTELADA DE FIGUERES

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Escuchaba esta mañana a Oriol Junqueras en Onda Cero dictando doctrina sobre la estelada, que el dirigente de Esquerra tiene claro que es la enseña de los que como él son independentistas, pero que aunque algunos se empeñen, no es la bandera institucional de Catalunya, y mucho menos la que defendieron hasta la muerte, la cárcel o el exilio quienes pelearon por las libertades republicanas durante la guerra civil del 36. Cuando el periodista de Onda Cero, con incisiva pregunta, le ha insistido sobre la contradicción existente entre sus palabras y las de su partido, que ha puesto el grito en el cielo por la decisión de la Junta Electoral Central de sacar las esteladas de los centros oficiales -decisión no compartida por el partido del político republicano-, éste lo ha razonado manteniendo el tipo y el argumento de que el poner o no poner la estelada en los Ayuntamientos, ha de aprobarse en pleno y hacerlo por mayoría absoluta con el voto de los concejales que representan a los ciudadanos. Por eso, ha dicho, en el suyo, no ondea la enseña por la independencia, sino la senyera, que es la bandera oficial de todos los catalanes.



Está bien que los políticos sean claros y defiendan el derecho y no el hecho, porque si ellos no dan ejemplo, después pasan cosas como la que también ha sido noticia en las últimas horas, que nos relata como unos militares han bajado de madrugada a la Rambla de Figueres y han arrancado la estelada que allí había colocado el gobierno municipal, llevándosela consigo sin que los mossos puedieran hacer otra cosa que tomarles declaración, ya que lo suyo no es un atentado contra una bandera constitucional o estatutaria, sino una falta que, penalmente, aunque denuncie el municipio, no tendrá mayores efectos punitivos para los audaces tres milicios de Sant Climent Sescebes. La anécdota tiene, no obstante, su miga, y seguramente una lectura semiótica más sesuda y preocupante, porque nos podemos imaginar con facilidad cómo habrán podido celebrar el hecho en la cantina del cuartel y por el contrario, el cabreo que se habrán pillado los partidarios de la estelada en Figueres.



Echar agua al fuego es muy necesario en estos tiempos en los que se cuestiona todo, y el Ministro de Defensa del Reino haría muy bien en hacer lo mismo, amonestando a “los patriotas de San Climent”, como bien ha sabido hacer el alcalde de Sant Viçens dels Horts diciendo a los suyos que él respeta la ley, aunque sea independentista.

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