lunes, 23 de octubre de 2017 20:49
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EL JUEGO DE LAS SIETE Y MEDIA

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Debe de ser complicado ser Presidente del Gobierno y de un partido que acaba de perder más de dos millones de electores en una sola noche y que, además, sabes que dentro de unos meses se te viene encima otra convocatoria electoral en la que puedes irte directo hacia la oposición. Todo ello, en medio de un ambiente social que está a punto de dar el visto bueno a una nueva generación de políticos que están en las antípodas de “tus ideas”, anhelantes de hacer tabla rasa de “tus logros” para que, de ellos, no quede ni un mal recuerdo ni un pobre titular. Por eso, y por otras muchas cosas, uno, ahora mismo, tiene una inmensa curiosidad por saber qué va a hacer el político Mariano Rajoy en los próximos meses, en los que no va a tener mucha gente que le escriba algo bonito e incluso algo misericordioso.



Y es que el inquilino de la Moncloa, con despacho también en la madrileña calle Génova, ha entrado en esa fase tan dura y difícil en la que, como nunca, va a sentir “la soledad del poder”, en la que al periodista le gustará profundizar y poder con ello mutarse en abogado del diablo para intentar comprender cómo evoluciona un político desde lo más alto, donde ha disfrutado de mayorías absolutas en casi todos los parlamentos, a un fondo, cuya profundidad todavía ignoramos, pero que sus enemigos políticos y hasta partidarios ven casi insondable. ¿Estamos asistiendo ahora mismo a la fase final de la gestación de un nuevo ex Presidente del Gobierno, o este muerto viviente resucitará en noviembre, el mes de los fieles difuntos, y le hará un guiño a sus propios fantasmas volviendo a la vida para pilotar de nuevo la nave del Estado y la de la renovación de su propio partido?



Resulta difícil afirmar que el próximo invierno, Rajoy se va a suceder a sí mismo en la Moncloa pero, concediéndole ese margen de confianza que todos a día de hoy le niegan, uno se puede hasta imaginar al político gallego manteniendo el tipo hasta el final, mientras se dirige aun con gesto increpante a los socialistas, ¿queréis gobernar con “estos” que nos van a llevar hasta el precipicio o nos ponemos de acuerdo y salvamos lo que queda de la España Constitucional en la que todavía cabemos todos antes de que desaparezca para siempre? Y en ese punto, doy rienda suelta a mi imaginación de defensor del maligno y hasta puedo vislumbrar unas imágenes casi confusas en las que veo al “hechicero de la tribu sociata” , más conocido por su nombre de “guerra” como Felipe González, ir de un lado al otro, tratando de convencer a los suyos de que, si los alemanes han sido capaces de hacer “por menos” un pacto de Estado, aquí, por un “bien mayor”, no deberíamos ser menos. Y en ese punto, como dirían los maestros del juego de las siete y media, me planto, no vaya a ser que me pase.


La apuesta la pagan ustedes, si ”por consiguiente” les apetece.

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