domingo, 22 de octubre de 2017 15:58
Opinión

LA CARTA

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Josep Antich se ha ido de “su” Vanguardia escribiendo a sus ya ex compañeros y sobre todo a la propiedad una sentida carta en la que dice muchas cosas entre ellas su forma de entender el periodismo:



"Narramos la realidad y al mismo tiempo somos parte de la realidad. Las dos cosas son inseparables. No se pueden separar. En caso contrario, la realidad se manipula y tergiversa. Esta es la grandeza de un diario que debe avanzar por el carril central de la sociedad catalanaNo nos toca a nosotros repetir una y otra vez que el objetivo es estar allí. Tampoco podemos pretender rebajar la espuma de los debates que hay en la calle como si un periódico fuera un nivelador. Como si fuera el jarabe que se administra a los niños para bajarles la temperatura. Nuestra sociedad no necesita que nadie le diga lo que tiene que pensar, sólo le falta que alguien le explique y le analice qué está pasando. Ella, sola, sacará las consecuencias. Por favor, no despreciemos a nuestros lectores”.


O sea, que el colega lo que ha hecho durante los 13 años en los que ha dirigido el diario de los Godó es “explicarnos” la realidad de la sociedad catalana circulando editorialmente por lo que, él periodista, llama “el carril central de la sociedad catalana” un vial que por lo que se ve, su amigo y protegido el President Mas todavía no ha encontrado después de varias convocatorias electorales, a cada cual peor.


Leído el texto sus compañeros, me imagino se sentirán deprimidos por “tan sensible pérdida” y se tomaran al pie de la letra tan sabios consejos, mientras los que editamos diarios digitales ya hemos puesto las barbas a remojo pensando en que nos va a afectar publicitariamente el nuevo proyecto ahora digital en el que se ha embarcado Antich, dada la conocida afición del personaje a esquilmar los caladeros publicitarios de los pobres tirando de teléfono para que el Govern y sus poderosos amigos le suelten la pasta gansa, que luego él derrocha generosamente.


Como somos buena gente y nada rencorosos, le deseamos un feliz aterrizaje en la realidad de la gestión diaria, mientras que acompañamos este deseo con un abrazo solidario para “los compis” del Grupo Godo, sobre todo, a su inconsolable Presidente, hundidos ahora mismo en la sima de la incertidumbre, tras la marcha del más prestigioso de sus editorialistas por la independencia.

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