lunes, 23 de octubre de 2017 19:06
Opinión

LA TOMA DE POSESIÓN DE ADA COLAU

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Escribía ayer el colectivo de periodistas que firma bajo el seudónimo de Isidoro que la nueva alcaldesa de Barcelona se propone contratar al primo de su amiga Itziar González para un cargo de responsabilidad en este nuevo mandato que se jura el sábado. Por si fuera poco el despropósito, del que les recomiendo se informen en este diario, ahora resulta, según escuchaba en la SER, que la nueva alcaldesa (¿?) tiene serios problemas con el protocolo porque pretende “ningunear” al Cardenal Arzobispo Martínez Sistach, y con él, a los católicos que la han votado, y a la representación militar, enviándoles a una segunda o tercera fila, o incluso adosándoles al lado a otras autoridades religiosas minoritarias, con tal de “marcar estilo” y abrir el consistorio a los nuevos tiempos, o sea: a los suyos. En cambio, lo que para ella son las entidades vecinales y ciudadanas, ocuparán un lugar privilegiado que, “según su criterio político”, hasta ahora no han ocupado porque los partidos democráticos son “malos, mala sombra, son muy malos de verdad”, como dice la letra de la canción que cantábamos algunos cuando éramos aun niños. Y digo yo, si mi memoria no me falla, ¿no fue de los movimientos vecinales de donde surgieron los líderes de los actuales ayuntamientos democráticos?. 


Y ante semejantes iniciativas, uno comienza a llevarse las manos a la cabeza, no porque estén bien o mal, que eso el tiempo ya lo dirá, sino por la gran dosis de demagogia que encierran y, sobre todo, por la terrible discriminación ciudadana que evidencian, donde los que no son de la cuerda política de la nueva alcaldesa descienden a la categoría de ciudadanos de segunda, sin saber por qué razón se les discrimina.


A partir de ahí, nos podemos encontrar con los nuevos concejales socialistas y republicanos que apoyan la toma de posesión de la Señora Colau, comiencen, más pronto que tarde, a tirarse las sillas a la cabeza y que la joven alcaldesa se vea en la necesidad de salir por la Plaça de Sant Miquel a las tres de la mañana y a escondidas, en lugar de hacerlo a las doce de la mañana y por la puerta principal, que como todos sabemos, está en la Plaça de Sant Jaume.


Mire, futura alcaldesa de Barcelona, yo no voy a misa, pero lo del Cardenal, que además es el Jefe de Cáritas, esa entidad que también ayuda a miles de su votantes, me sienta fatal. Y como también he hecho la mili, no entiendo por qué a unos militares profesionales, también jefes de unos cuantos regimientos que están repartidos por medio mundo en conflictos que no les van ni les vienen, como fuerzas de interposición, se les ningunee porque a sus amigos les parezcan lo que no son, democráticamente hablando. Y para concretar: sus votantes tampoco le dieron el mandato para que se manifieste el próximo 11 de septiembre como nueva “hada madrina del independentismo catalán”, sino para que mejorara la ciudad, mucho mejor que su antecesor, el alcalde Trías. Como persona haga lo que usted quiera, pero como alcaldesa, como dice su amigo Laporta. ¡Al loro!

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