domingo, 20 de agosto de 2017 07:50
Sociedad
ES UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE BAJA LABORAL

El 30% de las personas no comunicaría en el trabajo que padece una depresión

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El 30,1 por ciento de las personas no comunicaría en el trabajo que padece depresión y el 37,4 por ciento no sabe si se lo comunicaría a alguien, según se desprende del Estudio de Opinión Lundbeck 'La depresión y la ansiedad en el entorno laboral', realizado en 2015 por Ipsos Public Affairs, y presentado en el marco del XIV Seminario Lundbeck 'La letra pequeña de la depresión'.


"El estigma de las enfermedades mentales sigue siendo un tema pendiente, sin resolver, en el que cuesta muchísimo dar pequeños pasos, y la depresión es un ejemplo claro. El estigma envuelve a los enfermos con trastornos mentales, a estas enfermedades en su dimensión pública, a la propia psiquiatría y a sus medidas terapéuticas. En el entorno laboral ello se traduce en enormes dificultades de pacientes con depresión para comunicarle su situación a sus compañeros de trabajo, a sus jefes más inmediatos o a su entorno", ha comentado el doctor de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Juan March de Mallorca, Miquel Roca.


Para combatirlo, el experto ha destacado la necesidad de realizar políticas "muy activas" contra este estigma en el entorno laboral y estudiantil en las que se equipare la atención y la asistencia de los trastornos mentales a otras patologías médicas y, además, en las que se promuevan fondos dedicados a la investigación.


No obstante, la depresión constituye una de las principales causas de baja laboral por incapacidad temporal y permanente en España. Además, y en ausencia de baja laboral, produce una reducción sustancial de la capacidad de la persona para trabajar de manera efectiva, asociándose esto a pérdidas significativas de la productividad, incluso por encima de la mayoría de las enfermedades crónicas.


"Los planes de prevención de la depresión en el entorno laboral son absolutamente necesarios, en la línea de algunos países que han entendido el enorme impacto económico de la depresión: costes directos e indirectos, bajas laborales o personas que siguen trabajando en situación depresiva", ha recalcado el experto.


Y es que, de los 92.000 millones de euros en los que se estimó el coste de la depresión en la Unión Europea en 2010, el 58,6 por ciento correspondió a costes indirectos tales como la pérdida de productividad laboral, bajas por enfermedad y jubilación anticipada. Asimismo, la pérdida de productividad provocada por el absentismo y presentismo representa en torno al 50 por ciento de todos los costes relacionados con la depresión.


Además, de entre todas las enfermedades que generan discapacidad, los trastornos mentales graves, entre los que se incluye la depresión, son los que se asocian con las tasas más altas de desempleo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Del mismo modo, los datos provenientes de diversos países indican que la jubilación causada por trastornos mentales tiene lugar a una edad más temprana que los provocados por otras enfermedades.


SÍNTOMAS RESIDUALES DE LA DEPRESIÓN


Son muchos los estudios que demuestran que la depresión se asocia con una disminución de las funciones cognitivas y que éstas se mantienen afectadas una vez que los pacientes se recuperan, con un claro impacto en la vida cotidiana y laboral de los pacientes.


Los síntomas cognitivos causan absentismo, reducen la productividad laboral y necesitan de un tratamiento adecuado, factor crítico para reducirlos y mejorar las perspectivas laborales de las personas con depresión. No obstante, la depresión es un trastorno multidimensional caracterizado por aspectos emocionales, cognitivos y físicos, cuyo objetivo terapéutico ha evolucionado y se dirige a la recuperación funcional del paciente.


La alta prevalencia de síntomas residuales de la depresión como los síntomas cognitivos, insomnio, ansiedad, fatiga, dolores y disfunción sexual impactan de forma directa en la calidad de vida de los pacientes y su entorno, incluso en aquellos que responden al tratamiento o se encuentran en fase de remisión.


"Los síntomas residuales de la depresión son aquellos síntomas que permanecen tras la mejoría y que siguen limitando la actividad habitual del paciente. Suelen ser síntomas que no afectan tanto al estado del ánimo (tristeza, llanto) como a dificultades cognitivas (falta de atención o de memoria), síntomas corporales o dolorosos, insomnio o pérdida de apetito sexual", ha apostillado el investigador en el Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria en el CIBERSAM, Guillermo Lahera.


La presencia de estos síntomas se considera clínicamente relevante y se asocia a un curso negativo de la depresión ya que el riesgo de recaídas, recurrencias, suicidio y discapacidad social se ve incrementado. "Puede decirse, globalmente, que un 50 por ciento de las depresiones tratadas no alcanza la remisión total, es decir la desaparición de los síntomas. De entre ellas, un 80 por ciento mantiene en el tiempo síntomas depresivos residuales", ha aseverado Lahera.


Concretamente, como promedio, tras la respuesta antidepresiva suelen persistir dos síntomas residuales, destacando los problemas cognitivos, la falta de energía y los trastornos del sueño, que están presentes del 35 por ciento al 44 por ciento del tiempo.


DEPRESIÓN, RETO DE SALUD PÚBLICA EN EL SIGLO XXI


Por todo ello, la depresión constituye un reto para la salud pública. "Es una de las enfermedades mentales más frecuentes en España, y afecta a un 10 por ciento de la población en algún momento de su vida. Es, con mucho, una de las enfermedades que mayor carga de discapacidad inducen, estando situada en el mundo occidental como la primera causa, y en el total mundial, se estima que para el año 2020 sea la segunda causa", ha indicado el profesor titular de Psiquiatría del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo, Manuel Bousoño.


Sin embargo, aún hoy, esta enfermedad crónica permanece infradiagnosticada y, por tanto, sin el tratamiento adecuado en muchos casos, generando sufrimiento a quienes la padecen y a su entorno más cercano.


"Por desgracia, bien la falta de tiempo, la falta de una concienciación social, o algunos prejuicios persistentes, dificultan la identificación de la depresión. En estudios internacionales, se detecta un infradiagnóstico en torno al 50 por ciento. El sistema sanitario español muestra cifras mejores (sólo un 33% en el Estudio Zaragoza), pero el problema del infradiagnóstico de la depresión es aún muy importante", ha señalado.


Del mismo modo, las recaídas, frecuentes en esta enfermedad, representan otros de los principales desafíos para el correcto abordaje. Y es que, según ha recordado Bousoño, cada nuevo episodio induce una mayor sensibilización y una mayor probabilidad de tener nuevos episodios, de forma que una persona que ha sufrido un primer episodio, tiene un 50 por ciento de probabilidad de tener un segundo episodio, pero alguien que haya tenido tres o más episodios, tiene ya una probabilidad superior al 90 por ciento.


Además, los pacientes con depresión tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares (accidente cerebrovascular e infarto agudo de miocardio), diabetes, otros trastornos psiquiátricos y ser consumidores de alcohol y drogas, sin olvidar el riesgo de suicidio, que se relaciona con una gran variedad de trastornos mentales graves y, en el caso de la depresión, es 21 veces superior a la población general.


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