lunes, 18 de diciembre de 2017 09:42
Opinión

​Un alcalde no puede ser tonto

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952


Galicia es una nación sin estado que vive dentro del Reino de España en confortable armonía con el resto de los españoles. Es laica constitucionalmente pero, en sus parroquias, iglesias, monasterios y catedrales se vive una notable religiosidad que en muchos casos roza la videncia. Miles de galegos peregrinan a las diferentes romerías que se celebran cada año, como millones de personas han viajado a lo largo de la historia por el camino de Santiago a la capital del antiguo Reino a vivir su fe y de paso a dejar sus buenas divisas en los restaurantes, hoteles y comercios de Compostela.



Este fin de semana en la para mi, desde la diáspora, “a terra dos irmandiños”, la gente que se dedica a la política ha tomado posesión de sus alcaldías en los diferentes Ayuntamientos repartidos por toda la esquina verde de la península .El sábado, cuando iba a su toma de posesión le decía yo a mi hija que ha sido elegida concejala por Podemos en el pueblo en el que vivimos en Catalunya que nunca olvidara la condición de emigrante de sus abuelos maternos y de sus padres, y que me hiciera el favor personal de atender por igual a todos sus convecinos fueran de la ideología, credo, color o procedencia social que tuvieran y que acudieran a pedirle ayuda para resolver sus problemas. Y sobre todo, que cuando acabara la legislatura, si era posible, volviera a la actividad privada que iba a dejar, un poco mas pobre de lo que entró, ella, que como casi todos los de su generación vive en un piso de 60 metros cuadrados y paga su correspondiente hipoteca cada mes. A mi entender, sus dos carreras universitarias, sus voluntariados en la ONCE y en Cruz Roja y su experiencia como empresaria de la comunicación le permiten enfilar el día a día con unos conocimientos y una experiencia que debe serle muy útil a la hora ponerla al servicio de todos sus convecinos.



En dos palabras, un alcalde no puede ser el mas tonto del `pueblo, ni escudarse en su ideología para menospreciar la de todos aquellos que no piensan ni sienten como él. Las tradiciones forman parte esencial de la cultura de un pueblo. Y aunque a los curas solo los haya elegido Dios para que ayuden a sus fieles a entrar en el cielo, no se les debe ningunear por disfrutar uno de la excelencia de considerarse laico o ateo. A Martiño Noriega, por ejemplo, se le caería el sombrajo y lo molerían a palos los dueños de los bares de la calle del Franco, si con su inasistencia al acto del Antiguo Reino de Galicia, consiguiera que el Arzobispo que manda en la Catedral de la Plaza del Obradoiro se atreviera a decirnos la verdad sobre el nombre, el verdadero naturalmente, del personaje que ocupa desde hace siglos el lugar del Apóstol en la urna de plata que hay debajo del altar mayor y que como consecuencia de su ataque de sinceridad se produjera una desbandada de peregrinos que convirtiera el “muy rentable camino de Santiago” en una antigua calzada romana en desuso por la que solo viajaran las moscas y las volvoretas.



Aunque solo sea por la buena salud comercial de los negocios de tu propia ciudad, Alcalde Noriega, deberías haberte acercado a Lugo, incluso vestido de gaiteiro, como llego a hacer uno de tus antecesores. En la vida, un alcalde, no puede pasar de esa noble condición a la de “tonto del pueblo”, papel que en esta ocasión, has desempeñado con una brillantez insuperable .Ya ves, que porque te deseo lo mejor, te concedo el máximo galardón, porque el secundario, o sea el de “parviño da vila” se lo dejo a tu compañero Carlos Negreira que te quiso imitar, pero que no pudo conseguirlo porque no tiene tu galanura, que tu, por ser de la ciudad que eres ,también capital de Galicia, te va a acompañar toda la legislatura, especialmente si recuperas el sentidiño perdido. 


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