lunes, 11 de diciembre de 2017 20:05
Opinión

EL PAÍS TIENE RAZÓN

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Este fin de semana, se ha visto sorprendido, con la muy ruidosa polémica entre el President de la Generalitat y el diario El País, que se ha escenificado con la publicación en el diario que fundara Don Jesus de Polanco de un artículo desproporcionado, especialmente en las formas, que firma Artur Mas y su más fiel guardia petroriana por el Sí a la independencia, que ha sido contestada contundentemente por el propio diario con una dureza, que uno que ha leído muchas editoriales de este diario no recuerda en años.


Por resumir a aquellos que lectores que no se hayan leído ambos episodios literarios, digamos, que en la pieza de Mas&Company se insulta abiertamente el sentido común de los catalanes que no compartimos sus ideas independentistas a costa de lo que escribió hace unos días Felipe González, y en el texto del editorial del periódico se le recuerda al Molt Horable “que como ciudadano y como político es libre de pensar, proponer y promover lo que quiera. Como Jefe del Gobierno Constitucional de la Generalitat de Catalunya, y de los catalanes todos, independentistas o no, está obligado a respetar la norma”.


Algo tan perogrullo como también lo es, y así lo señala la cabecera de PRISA que “las elecciones del día 27 las ha convocado el Señor Mas con arreglo a un Estatuto y a una Constitución a las que ha jurado fidelidad y que está obligado a cumplir y a hacer cumplir. Es por eso incongruente que el President acuse al Estado que él mismo representa de tratar a los catalanes como súbditos, y se presente a estas elecciones, participe en la campaña y firme manifiestos sin tener la decencia de presentar previamente su dimisión, y poniendo los medios y el dinero público a disposición de su particular y sectaria posición política”.

Y como entramos en campaña, este editorialista se moja y opina, y al hacerlo, manifiesta con sincera amargura, que la “candidatura plebiscitaria” tiene un líder impresentable y cobarde en la estrategia, que escondiéndose una vez más tras la bandera, esta vez estelada, no tiene el menor reparo en hacer pasar a Catalunya por víctima para meternos a todos en su mismo saco ideológico en el cual, por ejemplo, uno no se siente identificado y ahora, vistas las cosas que han pasado, mucho menos representado, por un President que no ha sabido, ni querido ser también “mi President” y el de otros miles de catalanes.


Digámoslo claro, estos señores que quieren la independencia, son los mismos que siempre han tenido el mango financiero de la sartén del poder autonómico en sus manos, que al verse ahora cercados por los jueces y la crisis, quieren romper la convivencia, para conseguir como resultado de tal hecatombe, el nacimiento de una nueva Catalunya, la suya, en la que las sagas familiares puedan seguir enriqueciéndose generosamente, mientras los demás seguimos trabajando para ellas y el resto de los españoles con un PIB históricamente siempre muy inferior al suyo, se tragan esa mentira como si fuéramos unos auténticos idiotas.


Pero, ¿qué collons hace un partido republicano y de izquierdas en el proyecto político de estos sinvergüenzas? 

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