martes, 21 de noviembre de 2017 20:19
Opinión

SABOTAJE PATRIÓTICO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Andan los Mossos en busca de los autores del sabotaje de ayer en el AVE. De momento nada se sabe de sus autores, pero los que investigan, piensan, que no fue el robo la causa del incidente que puso en peligro la seguridad de nada menos que 13 mil viajeros y motivó, de paso, la escandalera mediática a la que TV3 prestó una especial atención asistiendo informativamente a los colectivos más vulnerables, como un grupo de jubilados que se quedó sin ave y al que "dejaron" los gestores "españoles" de Adif en la estación de Tarragona como si no les importaran sus problemas. Más de lo mismo en una televisión que se ha especializado en trabajar para la mitad de los catalanes, pensando que la otra mitad, tenemos que pagarle sus servicios informativos a la carta y encima callarnos la boca.


Para rematar el festival del despropósito, el Conseller Vila riñó en la misma cadena a la compañía por no "vigilar" adecuadamente el mantenimiento y seguridad, de unas vías que, como todo el mundo sabe, han de ser fundamentalmente custodiadas por la policía autonómica además de por las 8000 cámaras, ¡8.000! que Adif ha colocado en el trayecto. Si lo que quería el patriota que cortó los cables de fibra óptica era llamar la atención y cabrear a la gente, lo consiguió de sobras. Un día después, una cadena de radio estatal hablaba ya de corte con el Estado a través de la principal vía de comunicación con Madrid, esencial, especialmente… para Catalunya.


Cuando hace unos días el propio Artur Mas en plena campaña electoral recordaba al gobierno de Madrid que las comunicaciones más importantes de España con Europa pasaban por Catalunya, uno nunca pudo suponer que pasado un periodo tan corto de tiempo, "otro patriota" (catalán o español) nos lo recordara por la vía ejecutoria. El que la acción tuviera lugar a las siete de la mañana, en un lugar donde no hay una sola cámara, al lado de una pista forestal para poder emprender la huida y además se llevaran, tan solo, 20 centímetros de cobre para que tampoco funcionaran las señales luminosas, nos invita a suponer, premeditación, alevosía y un conocimiento del terreno y del trazado solo al alcance de verdaderos especialistas con acceso a fuentes de información privilegiadas. Vamos, como las que vemos en las películas de Misión Imposible.


Estoy seguro que los Mossos encontrarán a los culpables y que no volveremos a los tiempos del puente aéreo, o al del tren hotel nocturno que después de diez horas de insufrible traqueteo te dejaba en Atocha a las 8 de la mañana del día siguiente, sin dormir y hecho polvo para una jornada de entrevistas y reuniones. Eso, o pedirle al ejército que patrulle las vías como pasó durante un tiempo cuando ETA amenazó con volar el AVE. ¡Qué bien! ¿no?

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