sábado, 18 de noviembre de 2017 20:42
Opinión

VORSPRUNG DURCH TECHNIK

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Alude el título de este artículo a la excelencia de la tecnología alemana. Fue utilizado publicitariamente por Audi, una de las marcas del grupo matriz de Volkswagen, desde mediados de los pasados años noventa. Estados Unidos quedó fuera de tales campañas internacionales de publicidad y marketing. Allí se sustituyó por el eslogan, “Truth in engineering” (La verdad en la ingeniería), aseveración a la que se añadía, "The truth leaves others behind" (La verdad deja a los otros rezagados). Paradójicamente, el grupo VW confronta ahora una dramática situación en EEUU, justamente por no decir la verdad. O, para ser más precisos, por haber mentido a todo el mundo de manera consistente y prolongada en el tiempo.


“We’ve totally screwed up” (La hemos cagado completamente) fue la plástica expresión utilizada por Michael Horn, responsable del grupo automovilístico en el país norteamericano, tras reconocer el masivo engaño efectuado por VW mediante el trucaje de unos 11 millones de coches. Hace unos días y ante una comisión parlamentaria de la Cámara de Representantes estadounidense, Horn asumió públicamente las malas prácticas efectuadas por su grupo. Previamente, Martin Winterkorn, presidente del conglomerado VW, y uno de los ejecutivos mejor pagados en Europa, había dimitido llevándose a casa una cantidad en torno a los 28,6 millones de euros, en concepto de derechos de pensión. La mareante cifra cobra dimensión comparativa si se hace equivalente al salario bruto anual de 1,500 mileuristas españoles.


Por haber engañado a la estadounidense EPA (Environmental Protection Agency), Volkswagen se enfrenta a posibles sanciones que podrían alcanzar los 16 millardos de euros, una multa estimada sólo en lo que concierne al país norteamericano. Durante su comparecencia, algún parlamentario pidió incluso penas de cárcel por los culpables del gigantesco fraude. Tras la publicación de un estudio de investigadores de la Universidad de Virginia Occidental en mayo de 2014, la compañía alemana recibió el aviso de que existía un problemas con las emisiones de los coches diesel de VW, y que se había implementado un engaño mecánico sistemático mediante un software fraudulento para ‘rebajar’ las emisiones contaminantes de los coches, manejos que podrían retrotraerse al año 2008, y que están seriamente penalizados por la legislación estadounidense.


Hasta aquí la síntesis del deleznable episodio en el que se ha visto involucrado un grupo alemán y europeo, y sobre el que penden negros nubarrones con implicaciones futuras para la propia producción automovilística en España. En principio, el gigante alemán cuenta con recursos sobrados para afrontar su futuro industrial, pese a que haya perdido en pocos días un tercio de su valor patrimonial en bolsa. Pero los efectos de la gestión tramposa pueden ser de largo recorrido y de tenebrosas repercusiones para el propio modelo socioeconómico europeo.


A finales del siglo XX, el modelo alemán de capitalismo coordinado era denostado por su supuesta rigidez y obsesión por un crecimiento prevalentemente a largo plazo y sin inflación. Pero, tras la crisis desatada en 2007, el modelo se mostraba más saludable que nunca con el establecimiento de relaciones estratégicas entre corporaciones y bancos públicos, muchas de ellas cajas de ahorro regionales (Sparkassen). Ello había permitido una financiación y un planeamiento prolongado exento de las urgencias de la rentabilidad inmediata proclamadas por el modelo capitalista de ‘casino’ anglo-norteamericano, el cual quitó protagonismo a la gran banca pública como accionista de referencia de las grandes empresas nacionales tras los procesos de privatización de los años 1980s y 1990s. Para el neoliberalismo anglosajón, la alternativa era la búsqueda de la máxima rentabilidad en el más breve plazo de tiempo posible ayudada por una oferta monetaria amplia y a bajo costo, y multiplicada por la vertiginosa expansión de ‘elásticas’ formulas de financiación mediante derivados y titulación de de deudas. Considérese que, en proporción al PIB, el valor de las transacciones financieras en 1990 equivalía aproximadamente a quince veces el PIB mundial. Una vez desencadenada la crisis económica, tras el crack de 2007, tal proporción se elevaba a 70 veces el PIB de todo el mundo. Si se considera que las transacciones al contado representaban en 2010 prácticamente el mismo porcentaje del PIB global que en 1990, el incremento de las transacciones financieras en un período de apenas 20 años había alcanzado el 400%, lo que correspondía en su práctica totalidad a productos derivados y otros instrumentos financieros de nuevo cuño.


El modelo renano alemán, y por extensión europeo, ha sido acusado reiteradamente de ‘crony capitalism’(capitalismo de ‘compadreo’), mediante el cual se ha forjado un matrimonio de conveniencia entre empresarios y dirigentes públicos, y ha provocado fenómenos descritos como euroesclerosis y políticas de austericidio. Sin embargo, los buenos resultados de las estrategias a largo plazo, a pesar de las criticadas estructuras de gobernanza multinivel, o de los a menudo enrevesados procesos de co-decisión, han reivindicado un modelo altamente legitimado desde la Segunda Guerra Mundial. El apoyo ideológico de cristianodemócratas y socialdemócratas, no siempre plasmado en actuaciones coherentes de los gobiernos adscritos a dichas coloraciones políticas, favoreció el uso del poder institucional para mantener del Estado social y garantizar el bienestar colectivo de las sociedades europeas durante las Edades de Oro (1945-75) y de Plata (1976-2007) del bienestar continental. Los éxitos en la optimización de economías altamente competitivas, como la alemana, y el mantenimiento de una alta tasa de empleo no han podido ocultar, sin embargo, la precarización de las relaciones laborales y de la creciente desigualdad social. Una desigualdad que se ve reflejada en la obscena disparidad de rentas entre superricos y asalariados pobres.


De entre las varias lecciones que para el proceso de Europeización pueden extraerse del caso Volkswagen, una atañe a la denominada economía moral. Las acusaciones de una ‘visión calvinista’ proveniente del centro y norte europeo han señalado a los países mediterráneos de la UE (España, Grecia, Italia y Portugal, principalmente) como trapaceros y manirrotos. Según tal perspectiva, los meridionales tienden al engaño amén de ser gandules. La realidad de las cosas suele poner a cada uno en su sitio, y el episodio VWdebería hacer recapacitar a la arrogancia septentrional reflejada en el propio vocablo alemán de ‘Schmarotzer’, el cual se asigna a los aprovechados y despilfarradores meridionales, y que trasluce la idea de que los países del sur de Europa no se merecen los frutos obtenidos afanosamente por las economías tecnológicamente avanzadas (aunque haya sido mediante malas artes). No debe olvidarse que el juego tóxico de la culpabilización sólo beneficia a los enemigos de Europa. 


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