sábado, 23 de septiembre de 2017 04:09
Opinión

UN DEBATE HACIA EL FUTURO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

En un bar de barrio, y con parroquianos como figurantes, estrenó la televisión privada de este país una nueva forma de debatir. La afinidad generacional de los tres intervinientes ayudó, y mucho, a la puesta en escena y ritmo de una conversación política en la que, a mi entender, no hubo ni vencedores ni vencidos, solo interés informativo, ya que la cuota de audiencia se elevó considerablemente y rompió las previsiones más optimistas de Jordi Évole y la Sexta, que fueron los grandes triunfadores de la noche.

Nada de lo que se dijeron educadamente, Pablo Iglesias y Albert Rivera, fue una novedad para sus seguidores. Pero la cordialidad con la que se comportaron sí que enganchó a la mayoría de los espectadores, hartos ya de aquellos debates de la Academia de Televisión que tanto dinero costaban y tanto esplendor concedían a sus protagonistas políticos, y como no, a su presentador estrella. Eran otros tiempos que, ahora, forman parte de la historia reciente, y que ya no son válidos para unas elecciones, que amenazan con arrastrar hasta la ingobernabilidad a este país, si se cumplen los pronósticos más agoreros.

El que Rivera tratara de arrastrar a Iglesias hacia el centro mediante argumentos de realismo económico o que Iglesias dejara su impronta de izquierdismo intelectual, no son ya barreras infranqueables para la mayoría de la gente, que aspira a que sus políticos se comporten como gente normal y no les cuenten milongas imposibles de cumplir. ¿Pagaron Vds. alguna factura en negro?, les preguntaba Évole con malévola intención. Y ambos, lo reconocían sin ambigüedades, porque todos sus conciudadanos lo hemos hecho con mejor o peor gana en numerosas ocasiones, yo mismo le di cien euros esta semana a un parado sin subsidio que me pintó una habitación de casa y que necesita dar de comer a su familia. Los pobres nos ayudamos así, pero, no por eso, transigimos con las facturas de los profesionales del escaqueo empresarial que nunca cobran en blanco y viven de eso o ante los magnates de las SICAV que pagan una miseria por sus cuantiosas fortunas personales.

España se nos va de elecciones dentro de dos meses. Ojalá sepamos, de una vez por todas, si el bipartidismo ha muerto y con él la Constitución que nos ha permitido sobrellevar los últimos cuarenta años. Si es así, tendremos una nueva oportunidad histórica para mirarnos a los ojos, pactar un nuevo estado federal en el que todos estemos a gusto y donde nada, ni nadie, nos imponga condicionamientos dinásticos, privilegios religiosos o preeminencias económicas pasadas por el turmix europeísta. Si este debate ha servido para algo, ha sido, a mi entender, para que viéndolo hayamos descubierto que además de lo que ya conocemos, existe otro camino político que todos debemos explorar sin demora y en paz, sean cual sean las ideas de cada cual y sin miedo a equivocarnos.

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