martes, 21 de noviembre de 2017 01:47
Sociedad

El Papa elogia que la Iglesia se ensucie las manos discutiendo de la familia pero lamenta métodos no del todo benévolos

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El Papa ha elogiado que la Iglesia no tenga miedo "de sacudir las conciencias anestesiadas o de ensuciarse las manos discutiendo animadamente" sobre la familia al tiempo que ha recordado que su primer deber "no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios".


Francisco ha hecho estas reflexiones durante un discurso dirigido a los padres sinodales que tras tres semanas debatiendo han aprobado por unanimidad un texto final que propone que sean los pastores los que tengan la última palabra sobre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, pero que no menciona a las parejas de personas del mismo sexo.


Sin embargo, el pontífice ha lamentado que durante la emisión de las opiniones, los obispos hayan usado a veces "métodos no del todo benévolos" aunque ha precisado que la expresión libre de las opiniones ha dado una "imagen viva de una Iglesia que no utiliza 'módulos impresos' sino que toma de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones frescos".


Asimismo el Papa ha constatado que en el Sínodo se ha visto cómo "lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente".


"Lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión", ha observado en este sentido.


Para el pontífice argentino, "los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu" aunque ha precisado que esto no significa en modo alguno "disminuir la importancia de las fórmulas, de las leyes y de los mandamientos divinos, sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, ni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de su misericordia".


Así, el Papa ha defendido que el objetivo del Sínodo era no caer "en el peligro del relativismo o de demonizar a los otros" tratando de "abrazar plena y valientemente la bondad y la misericordia de Dios".

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