martes, 24 de octubre de 2017 11:42
Opinión

SECRETARIAS INTERNET

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Las máquinas no sólo aprenden, sino que desarrollan tareas funcionales hasta ahora reservadas a los humanos. La inteligencia artificial posibilita que las máquinas se instruyan (machine learning) desarrollando programas y algoritmos mediante el suministro de información no estructurada. Las ciencias de la computación ya facilitan recursos para un aprendizaje automático facilitador, por ejemplo, de diagnósticos médicos, del descubrimiento de fraudes en el uso de tarjetas de crédito o débito, o de la identificación del lenguaje hablado o escrito.


Respecto a estas última aplicaciones de reconocimiento de la voz, se ha extendido el uso en algunos teléfonos móviles del denominado/a Siri. Se trata de un asistente comunicacional que procesa la voz de la persona que habla y le pregunta. Para buena parte de las demandas efectuadas, Siri dispone de respuestas en forma de informaciones o recomendaciones. Así, podemos saber no sólo la temperatura ambiente o cómo llamar a un taxi o ir a un restaurante. El asistente virtual personal también se amolda a nuestras preferencias con el transcurrir del tiempo y personaliza nuestras búsquedas manifestadas oralmente.


Además de contestar a preguntas de ocio o información básica, las secretarias internet del tipo Siri, Google Now, Cortana o Echo son capaces de realizar trámites respecto a un vasto conjunto de servicios disponibles en la Red. Puede pedírsele, por ejemplo, que indaguen sobre los precios de billetes de avión según las preferencias ya establecidas en búsquedas anteriores del usuario. Cumplidas sus expectativas de compra, el cliente podría no sólo pagar el importe del billete aéreo con cargo a alguna de sus tarjetas de compra, sino que se le facilitase telemáticamente el código de barras para el acceso en la puerta de embarque del aeropuerto a la aeronave asignada.


El servicio interactivo apenas descrito sirve de ilustración de los cambios en curso y sus considerables efectos en la organización de nuestras sociedades. Podrá pensarse que se trata de situaciones de “ciencia ficción” alejadas de la realidad de nuestra vida cotidiana. Quizá se piense que son mutaciones apenas latentes en una época en constante transformación, pero que todavía no nos afectan en la práctica. Lamentablemente --para este autor-- se discute poco de las implicaciones tecnológicas de la época de cambio en las ya estamos inmersos. ¿Qué está sucediendo, por ejemplo, con los millones de puestos de trabajos auxiliares o administrativos afectados por las nuevas secretarias internet?


Entre la pléyade de efectos por la irrupción de Siri y asimilados artefactos comunicacionales tres ocupan ahora nuestra atención. En primer lugar, cabe esperar una sobrecarga en las tareas de los empleados con funciones directivas que contarán siempre con menor apoyo gerencial de las otrora secretarias de carne y hueso. Se perderán puestos de trabajos, especialmente en el sector servicios, como el de aquellos dependientes bancarios, pongamos por caso, solícitos para ofrecerse a realizar cualquier gestión de ingresos, transferencias o de abono de recibos domésticos. En cuestión de pocos años, los clientes de las grandes compañías suministradoras de electricidad, telefonía o servicios municipales hemos asumido nosotros mismos la tarea --¿más cómoda?-- de realizar telemáticamente toda clase de pagos y consultas desde la terminal de nuestros ordenadores caseros.


Una segunda observación relativa a los procesos tecnológicos aquí reseñados, es la que concierne al efecto multiplicador de la ineficiencia en los trámites administrativos de administraciones públicas y privadas. Como reacción defensiva a la nueva avalancha tecnológica, no son pocos los empleados amparados por sus organizaciones sindicales generadores de mayor “papeleo” en la tramitación de asuntos a menudo triviales, como pueden ser la petición de certificaciones automatizadas o la gestión de viajes como el ejemplo antes mencionados con el caso Siri.


Una tercera reflexión atañe a la difícil adecuación de los sindicatos a la emergencia de los nuevos escenarios laborales. En ocasiones parece que su estrategia de reivindicación para el mantenimiento de los empleos amenazados por el desarrollo de la inteligencia artificial fuese análoga a la propuesta en tiempos pasados por los luditas. Recuérdese que el movimiento de trabajadores artesanos de principios del siglo XIX en el Reino Unido planteaba la destrucción de las entonces novísimas máquinas de hilar industrial, las cuales hacían superfluo el trabajo mecánico de no pocos asalariados de menor cualificación. ¿Sería adecuada una actitud semejante de resistencia en los tiempos que corren?


Comparecemos a una progresiva y creciente mercantilización en clave individual de las expectativas de las gentes y de sus futuros profesionales (amén de sus ámbitos privado y personal). Como es sabido, casi un 80 por ciento de los hogares en España ya tienen acceso a internet y a la Red. Cualquier “navegación” que se realice con los grandes motores de búsqueda conlleva en paralelo una extracción de información con fines de mercadeo (mining consumer data). El año pasado, Facebook compró por la “mareante” cifra de 17.000 millones de dólares la compañía de servicio de mensajería móvil WhatsApp. Más allá de los efectos de concentración empresarial, debe considerarse la maximización que supone la obtención de información de los usuarios con el objetivo primordial de incrementar las ganancias (data monetization).


La rentabilización monetaria de las informaciones disponibles en la Red atañe a actividades de descubrimiento, captura, almacenamiento, análisis, diseminación y utilización de los datos compilados. Todo aquello disponible en internet es susceptible de ser monetarizado, procesos que para el común de las gentes son opacos pero que ya conforman uno de los recursos fundamentales en la propagación del modelo socioeconómico anglo-norteamericano de individualismo posesivo. Ante tal evolución, nuestro Modelo Social Europeo se debate en discusiones de taberna alimentadas por intereses rancios y pequeños entre los países continentales.


Parangonando el ejemplo de las secretarias internet, asistimos a una creciente fractura de lealtades. Nuestra ya inexistente privacidad agoniza entre potenciar las nuevas tecnologías facilitadoras de la eficiencia y la productividad, en aras de los beneficios corporativos, o en su aprovechamiento por el conjunto ciudadano representado por nuestros sistemas de bienestar social. Mientras tanto, las secretarias prosiguen la recogida de sus efectos personales en las cada vez más fantasmagóricas oficinas de antaño.

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