jueves, 17 de agosto de 2017 05:41
Opinión

CATALUÑA, LA MERMELADA Y LA TOSTADA

Antonio Carlos Pereira Menaut
Antonio Carlos Pereira Menaut

Prof. de Derecho Constitucional, USC

Antoniomenaut

Según "Actualidad Económica" (noviembre 2015, suplemento), en el primer semestre del año, Madrid (1.6% del territorio, 14% de la población) acaparó el 65% del capital procedente del exterior. Excelente para Madrid, pero entonces al 98.4% del territorio y al 86 de la población le queda el 35%. Pasemos a la riqueza: Madrid aporta el 18.7%; Cataluña (16% de la población; 6.3 del territorio), el 18.9; ya casi le alcanza. A todo el resto de la tostada, 70% de la población y 92% del territorio, nos queda (me queda) poca mermelada que repartir. Y esta injusticia no está mejorando sino empeorando. 


En cambio, nótese que esto no sucede con Washington, Roma, Bonn, Berlín, Ottawa, Brasilia, Berna. La Constitución alemana prohíbe excesivas diferencias de nivel de vida entre los Länder (art. 72.2, y encarga de ello al poder central; lo que aquí sería como poner al zorro cuidando las gallinas). La concentración de riqueza, población, infraestructuras, empresas, bancos y capacidad de decisión en Madrid es hoy mayor que en 1960 o 1970, en plena dictadura centralista. ¿Cómo es posible, si la Constitución actual es autonomista? Pues, en parte, porque, sobre todo desde Aznar, los gobiernos lo han querido así, mientras que al mismo tiempo gritan "España se rompe" (que, por otro lado, también podría suceder).


El terrorismo vasco, antes, y el independentismo catalán, ahora, garantizan que de estos desequilibrios se discuta poco y hacen que Madrid siempre, automáticamente, parezca esgrimir el bien común. Pero cuando pase el polvo del cañoneo, que algún día pasará en un sentido u otro, los lucenses, sorianos o turolenses (si entonces queda alguno sin irse a Madrid), si tienen dignidad y reflexionan, preguntarán "¿Qué hay de lo mío?", protestarán del centralismo económico y de la desertización demográfica y pedirán sobrevivir dignamente. El ensordecedor argumento del bien común de España, que tanto estásirviendo a Madrid en los últimos decenios, en algún momento dejará de tapar el problema. De viejo sabemos que "hay separatistas y separadores", y los que toleran esto (¿o lo impulsan?) son los grandes invertebradores de España, por mucho que hoy disparen al blanco fácil de Cataluña.


¿Alguna vez se va a distribuir razonablemente la mermelada por toda la tostada, sí o no? Esto es mucho más importante que Bárcenas, Rato, los Ferraris de Pujol Jr. y demás escándalos que la oportunidad política vaya haciendo aparecer.


España-Madrid-PP-PSOE-Gran Banca: ¿tienen ustedes pensado algo para que mi parte de la tostada comience a recibir la mermelada justa, y aun un poco más como discriminación positiva? Si la respuesta es "sí", me hago nacionalista español (bueno, no exageremos). Si es "no", si me espera más despoblación, desempleo y marginación, más desigualdad en la sanidad o la educación, España perderá todo derecho moral a exigirme otra cosa que respetar a los ancianos en los semáforos. La comunidad política es un contrato, y si la otra parte no cumple ni va a cumplir, uno queda liberado de sus obligaciones, pues para hacer un contrato se necesitan dos, pero para romperlo basta uno. El problema catalán tiene arreglo, y este otro también, pero, marche Cataluña o quede, la mermelada tiene que repartirse más equitativamente por toda la tostada.



Antonio-Carlos Pereira Menaut 

(Profesor de Derecho Constitucional de la UE; USC)

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