martes, 22 de agosto de 2017 09:28
Opinión

¡UFFF...!

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Mientras Rajoy y Sánchez se preparan para sacarse los ojos en el debate televisivo de la Academia, uno contempla con indisimulada envidia como los franceses vuelven sobre sus pasos y evitan que la ultraderecha xenófoba y neonazi alcance el poder en la segunda vuelta de las elecciones regionales. Para eso, precisamente, sirve ese volver a votar, que en este país, nuestros partidos y sus políticos, han aborrecido históricamente.


Y como todos ahora llevan en el ánimo programático la idea de modificar la Constitución, no estaría de más, que pensaran que "esas segundas vueltas" nunca fueron malas, porque resuelven, de una tacada, quien puede ser el alcalde o el Presidente de un país que fragmenta tradicionalmente su voto o decide no meter todas las papeletas electorales en la misma urna, algo muy democrático y muy de andar por esta casa de taifas. Vds. mismos lo podrán comprobar pronto, cuando ningún partido alcance la mayoría absoluta y tenga que ponerse de acuerdo para que se forme un Gobierno medianamente serio. ¿Alguno de nosotros, salvo Felipe González, puede, ahora mismo, llegar a imaginarse al PSOE y al PP poniéndose de acuerdo para integrar un ejecutivo como han hecho varias veces los alemanes y otros países de la Europa comunitaria? Pues, de eso se trata: de evitar líos.


Tampoco estaría mal que mejoráramos nuestra calidad democrática adjudicando a cada ciudadano un voto, porque, ya está bien de residuos del pasado y del temor que producen "los urbanitas" en los grandes partidos de cuyas decisiones electorales huyen como gato escaldado, tal vez, todavía inducidos por el pacto de la Transición que no se fiaba de "los rojos" que habitaban las áreas metropolitanas de las grandes ciudades se hicieran con el poder. Gracias a ese "regalo de Hont" a los comunistas no le hemos dado ni agua, y en cambio, los nacionalismos ahora hinchados de independentistas han obtenido unas cosechas electorales injustas y el bipartidismo también ha sentado su trasero demasiado tiempo en las poltronas del poder. Cambiemos constitucionalmente eso, porque si no lo hacemos, estamos jugando sucio con la libertad de quienes pagan sus impuestos y por lo tanto han de ser iguales y su voto valer lo mismo en Madrid y Barcelona como en Cuevas del Almanzora o Allariz.


¿Y del debate qué? Pues, que todavía un 45 por ciento de los ciudadanos no ha decidido su voto, y que los hispanos vamos a tener que acostumbrarnos a mayorías inestables y a pactos políticos impensables.

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