miércoles, 16 de agosto de 2017 21:18
Opinión

ANDRESIÑO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Hará bien el candidato Rajoy en no denunciar al joven de 17 años que le soltó una hostia en su querida Pontevedra, una capital de provincia pequeña, con un alcalde independentista y en la que todo el mundo se conoce, y muchos conciudadanos son parientes cercanos o lejanos, como ahora se ha sabido, ya que la esposa del presidente es prima de la madre del agresor, aunque unos y otros se apresuren a "destacar" que no tienen mucho trato.


Andresiño como cualquiera de nuestros hijos se mete en unos líos que, a veces, ni ellos mismos acaban de creerse. Comienzan jóvenes, a los 17 años, siendo rebeldes sin causa, por lo que son expulsados de los diferentes colegios a los que les envían sus padres. Poco después se integran en "grupos" urbanos deportivos o políticos, en los que compiten para destacar como los más agresivos o los que más miedo meten .Muchos de ellos pertenecen a familias acomodadas o con prestigio social que no entienden lo que les está pasando y que acuden al médico, pues se sienten culpables de tener un hijo que les deja en evidencia en público y que incluso llega a agredirles. La sociedad se escandaliza, pero nadie se para a pensar que ese chico o chica padece una enfermedad y, lo que es peor, cuando la policía les lleva ante el Juez comparecen ante el juez y el abogado defensor argumenta ante su Señoría con un certificado médico en la mano que su cliente "padece un trastorno de personalidad" el magistrado no lo suele tener en cuenta, y como consecuencia, a partir de los 18 años lo envía la cárcel, si el delito llega a ser grave como le pasaría al Andresiño de nuestra historia si hoy estuviéramos en marzo y no fuera diciembre, ustedes entenderán perfectamente por qué.


En este país tan europeo en el que hemos nacido, no hay dinero para tratar las enfermedades mentales de nuestros jóvenes y tampoco para cuidar la demencia senil de nuestros viejos. Nos gastamos cientos de millones en fichar estrellas de futbol, que no nos paramos a pensar que con la mitad de esa animalada de millones que despilfarramos en nuestros equipos del alma podríamos hacer mucho bien a mucha gente que lo necesita y que, como hemos podido ver ayer por televisión, a veces se descontrolan y nos dan un susto de muerte cargando con un problema muy grave para toda la vida, porque esa "enfermedad" no tiene cura y siempre va a peor, e incluso acaba antes de los 30 años en un dramático suicidio.


El que quiera ver en lo que ha pasado un hecho político consecuencia de la dureza verbal de una campaña especialmente agresiva está en su derecho, pero, a mí me parece, que está equivocado. Yo veo este acto siempre reprobable, como la escenificación pública de un problema que tenemos toda la sociedad porque hemos bajado la guardia con las enfermedades mentales en su conjunto, especialmente los políticos de todas las ideologías, que aprobaron una ley para dejar salir de los horribles manicomios de la dictadura a todos sus inquilinos y prometieron, al hacerlo, dotarnos de los medios necesarios para atenderlos aplicando una terapia abierta y progresista, pero que, a la hora de la verdad, nunca ha llegado a aplicarse, descargando con ello sobre las familias una inmensa carga que jamás podrán soportar y que los profesionales que se dedican a tratar a esos enfermos mentales se limitan a "paliar" superados por un tsunami social que tratan de contener con tratamientos temporales y pastillas, muchas pastillas. Si no me creen, dense una vuelta por cualquiera de los centros especializados que los Hermanos de San Juan de Dios tiene repartidos por toda España.


La campaña electoral está a punto de acabar. Y un fiscal cargado de leyes y razones se tomará muy en serio el caso de A.V.F., porque la opinión pública se ha escandalizado con las imágenes que ha visto. Si eso sirve para que a este joven se le ayude a curar la enfermedad que padece, pues bienvenido sea el representante del Ministerio Público. Si lo que se va a decidir es hacerle cumplir a nuestro Andresiño algún tipo de pena o sanción para que se acalle el ruido mediático y la Presidencia del Gobierno se vea compensada por el ridículo que han hecho los que se cuidan de la seguridad de Don Mariano Rajoy, ¡pues qué quieren que les diga! Será todo lo legal que se quiera, pero no va a solucionar el problema de un joven que necesita sobre todo ayuda y que, de no recibirla, será un grave problema durante toda su vida para él mismo, su angustiada familia y, sobre todo, para la sociedad en la nunca podrá integrarse en paz. Pensemos en ello y, sobre todo, seamos solidarios.

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