miércoles, 18 de octubre de 2017 06:03
20D

Pedro Sánchez espera frutos una campaña que empezó a la defensiva y acabó llamando 'indecente' a Rajoy

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El PSOE está convencido de que su campaña ha funcionado. Y como prueba, los socialistas ofrecen la diferencia de temperatura entre el día del arranque, con el mal sabor de boca de un CIS que les situaba a ocho puntos del PP, y el 'subidón' que dejó en la militancia el debate con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el que su candidato a La Moncloa, Pedro Sánchez, le dio la "caña" que le pedían en todos los mítines. Ese "revulsivo interno", afirman, cumplió el doble objetivo: movilizar a los suyos y situar su confrontación con el PP en el centro del debate.


Así, la dirección del PSOE sostiene que llega a las elecciones del domingo con muchas opciones de ser la primera fuerza política. Aunque, según aseguran, no tienen encuestas propias y, dicen, no se creen las que se publican, defienden que socialistas y 'populares' están muy cerca y, a su vez, lejos del tercer y cuarto puesto.


Pese a que no se mojan con ningún dato concreto, insisten en que ellos han ido "de menos a más", mientras el PP se ha estancado, Ciudadanos se ha "desinflado" y Podemos ha subido, pero sólo hasta situarse en tercer puesto, en lugar del cuarto al que le veían abocado después del resultado del partido de Albert Rivera en las catalanas. Éste es el balance para el PSOE de las dos semanas de campaña, en la que creen que el 'cara a cara¡ entre Rajoy y Sánchez marcó un antes y un después.


La campaña arrancó con llamamientos al voto útil, pero viró rápidamente a los esfuerzos para esquivar y responder los ataques que les llegaban de todos los flancos. Del "tripartito de perdedores" y el "frente antiPP" que negaron desde los primeros días a las consecuencias del debate 'a cuatro' en Atresmedia, del que el resto de contendientes salieron diciendo que Sánchez estaba "fuera" de la carrera electoral.


Sánchez trató de darle la vuelta a la situación acuñando el término del "frente antiPSOE" y apelando a la "raza" del PSOE. Además, esa semana recibió dos 'capotes': el caso de las comisiones irregulares del diputado del PP Pedro Gómez de la Serna y el embajador Gustavo de Arístegui, y la propuesa de Ciudadanos de eliminar el agravante de violencia de género para asesinatos machistas.


Con todo, para el PSOE, el auténtico punto de inflexión fue el 'cara a cara'. Además de focalizar la batalla entre los dos partidos mayoritarios, como se esperaba, tensionó la campaña: la acusación de Sánchez a Rajoy de no ser "una persona decente", y su respuesta calificando al candidato socialista de "ruin, mezquino y miserable", afiló los ataques entre ambos partidos.


Sánchez y su equipo dicen que la 'jugada' les salió bien. El objetivo fundamental, señalan, era movilizar a los suyos y, aseguran, lo ha conseguido. Allí por donde pasó después, las menciones al debate fueron las más aplaudidas y los cuadros locales aseguran que sirvió de revulsivo interno.


En el PSOE, fue unánime el reconocimiento de que Sánchez hizo bien en decirle al presidente "lo que millones de personas piensan", a pesar de que algunos dirigentes territoriales admitían sentirse incómodos con el tono en que se desarrolló el debate. Pero ese día, sorprendió a quienes "tenían la esquela preparada" para decretar su "muerte" en el debate, señalaba un 'barón'.


Pero, además, sirvió para colocar la corrupción en el foco del discurso de los socialistas. Aunque Sánchez venía insistiendo en este asunto desde el inicio de la campaña, y confiando en que el 'caso Gürtel' acabe pasando factura al PP en las urnas, desde entonces el mensaje central del PSOE contra el PP ha sido, además del de denunciar la desigualdad que, defienden, han provocado sus políticas, situarse como objetivo "echar al amigo de Bárcenas de La Moncloa".


Desde el pasado lunes, su foco ha estado en el partido de Mariano Rajoy y creen que ha tenido efecto: aseguran que el voto al PSOE ha crecido en estos días, en los que los indecisos han caído a la mitad.


Y es que estos días el PSOE no ha obviado el objetivo de llevarse el pedazo más grande de la tarta de los indecisos, que según el CIS era del 41% antes de que comenzara la campaña. Según apuntó el propio Sánchez el primer fin de semana, la "columna vertebral" de ese grupo era el PSOE, porque la mayor parte dudaba entre este partido y otro.


Sin embargo, a mitad de campaña consideraron que ya habían conseguido erigir un "muro de contención" contra Ciudadanos, porque el electorado les había situado al fin en la derecha, gracias a la estrategia socialista de poner el acento en su contrato único y por el 'traspié' a cuenta de la ley de violencia de género, que ha centrado los ataques de la segunda semana. Sánchez ha insistido en todos los mítines en que Albert Rivera tiene que preocuparse más de las "ciudadanas".


Así las cosas, los últimos días de campaña el PSOE ha dedicado sus mensajes al electorado que se les podría ir a Podemos, insistiendo en la apelación al voto útil: "Sólo el PSOE puede garantizar el cambio", se ha afanado en decir Sánchez en todos los puntos de España, avisando de que "si las derechas suman, Rivera apoyará a Rajoy".


No obstante, más allá del resentimiento por sus críticas a Sánchez por decir que Rajoy no es decente --cuando "aplauden" a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, llamando "criminales" a los socialistas-- no ha habido grandes golpes de Sánchez contra el partido morado.


El papel de 'poli malo' lo tuvieron el exlehendakari Patxi López, diciendo que cuando los socialistas estaban luchando contra ETA, Pablo Iglesias se encontraba en una Herriko Taberna lanzando "loas" a la banda terrorista, y el expresidente del Gobierno Felipe González, que acusó a los dirigentes de Podemos de asesorar al Gobierno de Venezuela sobre cómo hacer "escuchas ilegales de las conversaciones privadas de los opositores".

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