miércoles, 23 de agosto de 2017 00:28
Opinión

GOLPE MORTAL AL MOBILE WORLD CONGRESS

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Comenzó la Alcaldesa Ada Colau cuestionando, cuando llegó al Ayuntamiento, los posibles beneficios que reportaba el Mobile World Congress, y cuando se dio cuenta de la barbaridad que estaba planteando, echó el freno de mano y se esmeró en desmentirse a sí misma prestándose a la escenificación de otro paripé de bienvenida. Luego vino, un año más, el anuncio por parte de los sindicatos de que convocaba un año más una huelga de transportes públicos, que si el año anterior se arregló en el tiempo de descuento, esta vez, ni con la presencia de la propia Ada Colau pudo pararse, armando el correspondiente caos, en una semana en la que todos nos alegrábamos por la inauguración del tramo de metro más caro de la historia de la humanidad, que ¡por fin! dejaba a los congresistas desde el aeropuerto en una estación a pie del Congreso. ¿Quién tiene la culpa de esta vergüenza organizativa? Desde luego los que llevan apostando por Barcelona estos años, no, que bastante han aguantado el tipo y encima han buscado soluciones alternativas al transporte público de sus visitantes.


Aquí, somos tan ricos, que "nos podemos permitir el lujo" de que este evento ambicionado por las principales capitales del mundo se vaya a cualquiera de ellas el próximo año. Y es que cuando el "interés sectorial" se impone al tan manoseado "interés general", lo más probable es que el país que lo permite por no disponer de una legislación adecuada y democrática, es que se vaya a la quiebra. La libertad sindical de unos trabajadores de una ciudad o de un área metropolitana, no puede estar por encima de la economía de un Estado y del prestigio internacional del mismo. Por otra parte, la incompetencia de los políticos que se han permitido la chulería de llamar "casta" a sus predecesores y que, en este momento de la verdad en el que pueden predicar con el ejemplo de "la buena nueva" que predican, no saben resolver el problema de una negociación tan básica políticamente hablando, queda palmariamente en evidencia.


A los contribuyentes se nos están hinchando las narices de contemplar como la Política con mayúsculas ha dejado de ser un trabajo decente por el bien común de todos, para convertirse en la fábrica de corruptos e incompetentes más grande del mundo occidental. Y también, ¿por qué no? como el sindicalismo solo aparece a destiempo y pisando los cayos de la gente, sobre todo, en el caso concreto de Catalunya en el que se acobarda ante la fiebre independentista olvidando completamente su ideología fundacional y permitiendo la preeminencia de los privilegios de los de siempre sobre los graves problemas que nos asfixian a la mayoría.


Estoy seguro de que al Mobile Word Congress no lo va a hundir tanto irresponsable, ni los ciudadanos que a miles acudirán a empaparse de las nuevas tecnologías y que contemplan el desaguisado con una indignación más que justificada. No obstante, lo que ha pasado, traerá secuelas, y mucho me temo, que la "excelencia" de la sede barcelonesa va a ponerse en cuestión cuando acabe el Congreso. Sobre todo, cuando los organizadores se queden solos y recopilen las quejas de los que han atravesado medio mundo y se han gastado una fortuna para quedarse luego "atascados" en esta Barcelona caótica. Querámoslo o no, a los catalanes esta vez, nos van a tomar la matrícula.

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