miércoles, 13 de diciembre de 2017 16:14
Opinión

LOS COMUNISTAS CUBANOS

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Llegado el momento del relevo generacional, a los comunistas cubanos no les ha temblado el pulso y han decidido que los octogenarios que hicieron y ganaron por la fuerza de las armas el poder en la isla continúen en sus cargos, como si eso de la Revolución hubiera sido el cuento de la lechera pero sin que al final se rompiera el cántaro.


Por todo ello, los hermanos Castro habrán superado el récord en longevidad autoritaria de Francisco Franco, el dictador latino por antonomasia, llevando incluso hasta las últimas consecuencias aquello tan franquista de que todo quedará "atado y bien atado", por muchos años y sin transición que valga.


A los jóvenes que en su día admiramos la "romántica imagen" del Che Guevara y de sus compañeros de lucha en Sierra Maestra se nos ha quedado cara de tontos cuando en "la última oportunidad" que tenían los hermanísimos de irse a su casa y abrir el régimen a la disidencia la han despreciado olímpicamente enseñándoles a los cubanos "la momia de Fidel", mientras que su alter ego, Raúl, hacía de Joe Rigoli televisivo pronunciando la inequívoca sentencia del "yo sigo", nada menos que con 85 tacos, que serán 90 cuando convoque, si sigue vivo, el 8º Congreso del Partido Comunista de Cuba. ¡Toma ya!


Ante semejante despropósito, uno se pregunta cuáles han sido las razones que ha tenido Obama para abrir de nuevo a Cuba al mundo capitalista, cuando no se espera que este régimen marxista-leninista haga nada para que la oposición se visibilice en la Asamblea cubana, aunque solo sea para protestar, y que ese comunismo prehistórico quiera, como máximo, convertirse en un calco de la economía china, abriéndose al libre mercado, pero manteniendo el poder gubernativo, judicial y legislativo de manera inflexible y definitiva.


Resumiendo que es gerundio: los de mi generación nos hemos equivocado con los Castro de forma palmaria y recurrente. Y si a día de hoy no lo reconocemos, nos merecemos pasar a la historia como "los tontos de la revolución", que si estuvo bien para acabar con el corrupto Batista, a partir de ahí dejó de tener sentido, ya que esa "patria o muerte" se transformó para los cubanos en el exilio de miles de ellos, incluido el de Ernesto Guevara, que se inmoló antes de que el camarada barbudo acabara con él y, lo que es peor, trajo consigo el entierro en vida de la democracia y de los derechos más elementales de varias generaciones de cubanos. O sea, que ustedes perdonen.

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