lunes, 23 de octubre de 2017 17:01
Opinión

LA LECTURA NO DESAPARECE, SOLAMENTE SE TRANSFORMA

Pablo Rodríguez Canfranc
Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

Una de cada tres personas no lee nunca o casi nunca, es la desoladora conclusión que arrojaba una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en torno a los hábitos de lectura en España. No son pocas las voces que alertan de que gran parte de la población se está apartando de la lectura, especialmente los más jóvenes en los que el ocio digital ha arraigado con más fuerza.


Sin embargo, a lo mejor habría que cambiar la pregunta acerca de cuánto se lee por cuándo y cómo se lee. La visión enfrentada de la lectura y la tecnología audiovisual está siendo cuestionada desde hace varios años en numerosos estudios. El experto argentino Néstor García Canclini ha analizado esta cuestión en el libro Hacia una antropología de los lectores (Fundación Telefónica, 2015), estudiando los cambios en los hábitos de lectura en México (es profesor en la Universidad Autónoma Metropolitana), que en muchos casos son extrapolables a otras regiones de América y Europa.


Canclini postula que la sociedad de la información introduce una recomposición de la cultura a escala mundial: “la convergencia digital está instaurando una integración multimedia que permite ver y escuchar en el teléfono móvil audio, imágenes, textos escritos y transmisión de datos. Ni los hábitos actuales de los lectores-espectadores-internautas, ni la fusión de empresas que antes producían por separado cada tipo de mensajes, permite ya concebir como islas separadas los textos, las imágenes y su digitalización”.


En este marco inédito puede que ya no tenga sentido medir la lectura por el número de libros o revistas leídos en un periodo de tiempo sino por la capacidad para gestionar los recursos de información, o en otras palabras, la competencia lectora o la destreza para localizar, seleccionar e interpretar la información.


Estas nuevas vías de la información requieren más conocimientos que la mera lectura y escritura: hay que saber navegar por los hipertextos digitales (“usar iconos de navegación, barras de desplazamiento, pestañas, menús, hipervínculos, funciones, dedicar tiempo a conectarse con imágenes, músicas y mapas de sitios”) y adoptar una postura activa frente a la pasividad que implica el texto tradicional. El principal rasgo del medio digital es la interactividad: el usuario se convierte simultáneamente en consumidor y productor de información al enviar correos, redactar posts o comentarios en blogs, opinar en redes sociales y valorar contenidos ajenos... “El lector llega a ser autor, el consumidor produce”, afirma Néstor García Canclini.


La comprensión de los nuevos fenómenos que emergen en torno a la competencia lectora y la gestión de la información requiere estudiar las conversaciones que tienen lugar en las redes sociales, las formas de intercambio de conocimientos basadas en vídeo, la interacción vía YouTube, las descargas de textos, la micropoesía en Twitter, y en suma, todos los comportamientos del usuario de la web 2.0, y especialmente de los jóvenes pues constituyen la vanguardia del cambio.


Pero el libro deja una nota optimista; la cultura no desaparece sino que se transforma: “Hay vida para la lectura más allá de las bibliotecas y librerías. Hay vida para las bibliotecas, librerías y editoriales si se reinventan como editores, en el sentido de organizadores de textos y otros recursos de conocimiento y entretenimiento de acuerdo con esta etapa del desarrollo sociocultural y tecnológico”.

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