martes, 12 de diciembre de 2017 13:17
Opinión

CARLOS RUIZ, JOSÉ LUIS ATIENZA Y EL MODELO ESPECULATIVO DE VILADECANS

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Dicen que el que tiene el poder se cree el ser más poderoso de su entorno y llega a perder hasta el sentido común. Solo la ceguera del que no quiere ver le convierte en vulnerable y un simple mosquito puede acabar con su vida introduciendo su pequeño aguijón en un brazo. No hay enemigos pequeños ni el poder es eterno, solo transitorio.


Los políticos de dudosa conducta practican el engaño con sus ciudadanos y protegen los intereses particulares a los colectivos de los ciudadanos a los que ha prometido defender y servir en el ejercicio de la autoridad recibida de las urnas. Pero eso no es así. En el municipio de Viladecans (Barcelona), donde el modelo urbanístico y de ciudad se ha convertido en un fenómeno especulativo sin tener en cuenta el equilibrio territorial, de servicio, la estética, el respeto por el medioambiente y el consenso con los ciudadanos que viven en el mismo, está siendo contestado por los vecinos cansados de sufrir esas políticas arbitrarias y caciquiles, sobre todo si quienes las practican son partidos de izquierdas y ecologistas: el PSC e ICV, así como sus dos máximos representantes, Carlos Ruiz y José Luis Atienza (uno por ser el autor y el otro por permitir mirar para otro lado o decir que no sabía de lo que iba).


La construcción del edificio de las siete plantas, llamado “de la vergüenza” o “la cacicada del alcalde” es de manual universitario, de cómo se pueden hacer tan mal las cosas y después de echarle la culpa a otro. ¿En qué beneficia el edificio a la ciudadanía y al paisaje del entorno de tan monstruosa construcción? ¿Por qué estos dos caballeros hacen las cosas en contra de lo que piensan los ciudadanos? ¿Por qué esa fiebre de construir, construir y construir? ¿A quién beneficia? “Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”, decía Groucho Marx.


Mandar hacer un estudio a los artífices del desastre es como poner al lobo a vigilar a las gallinas, que diría mi abuela.


Se manda hacer el estudio de “legalidad” y al día siguiente, sin explicaciones a los vecinos, sin mediar un diálogo, una posibilidad de encontrar un punto de coincidencia, la planta número cinco continúa siendo construida. ¿Por qué no se le da una explicación a los vecinos? Mientras eso sucede, brilla por su ausencia la gran solidaridad de las asociaciones de vecinos y su federación, que acatan con la servidumbre que les caracteriza “la resolución del Ayuntamiento”. Ni la debaten, ni la cuestionan, ni mueven un dedo. Pero afortunadamente, hay gente que no acepta la injusticia, el corporativismo y las cacicadas, y que están dispuestas a no rendirse y llegar a donde haga falta. Esas personas que no pasan por el aro quieren un cambio de aires, de estilos, de modos en este municipio en el que algunos lo han tomado como su cortijo con total impunidad, pero se equivocan porque el escenario de los Santos Inocentes no fue Viladecans, sino Extremadura, aunque pudiera parecerse.



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