martes, 22 de agosto de 2017 20:43
Opinión

REINO UNIDO, ¿IRSE PARA VOLVER?

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Los lamentos duran. Y durarán sin perjuicio de los paliativos que se quieran aplicar a una herida autoinfligida por el resultado del referéndum del Brexit. El uso de la expresión 'to shoot oneself in the foot' (dispararse al propio pie) está extendido en la jerga política anglosajona. Como sucede con otras locuciones idiomáticas, no existe un único y exacto equivalente en castellano. Su significado está condicionado contextualmente y depende de la lógica situacional en donde se formula. Traducirla, por ejemplo, como 'tirar piedras a su propio tejado' se ajusta a la descripción de un acto contraproducente y con efectos pésimos para su ejecutor. Más que lastimarse un pie, el asunto el Brexit apunta a una permanente cojera británica.


Ya se sabe que la consulta fue planteada por partidarios y detractores casi exclusivamente en términos de dineros. Se argumentó si el Reino Unido saldría beneficiado o perjudicado económicamente con su salida de la Unión Europea. Poco se mencionaron otros aspectos intangibles, pero igualmente poderosos en la conformación del voto de los ciudadanos británicos. Como ya mencioné en anteriores artículos de opinión, un aspecto sustancial que podría haber determinado –y determinó-- la pequeña mayoría a favor del Brexit fue la percepción psicosocial de lo que ha sido y algunos creen que sigue siendo el Reino Unido: un 'superpoder' en equivalencia, digamos a los Estados Unidos de Norteamérica, Rusia, China, o la propia UE continental. Se ha confirmado que no pocos partidarios del Brexit siguen convencidos que el Reino Unido es un país líder mundial en sí mismo que no debe difuminarse como un miembro más dentro del club de la Unión Europea.


Volvamos, sin embargo, a los aspectos materiales de la decisión de abandono europeo refrendada mayoritariamente por los británicos. A cada día que pasa las secuelas del ‘tiro al pié’ efectuado a instancias de estadistas como David Cameron o visionarios como Nigel Farage (ambos autodimitidos) se hacen más visibles. Y no auguran nada bueno para la economía británica. Según Paul Krugman, uno de los 'gurús' más reconocidos internacionalmente (Premio Nobel de Economía en 2008), el Brexit empobrecerá irremisiblemente a los británicos. Según sus cálculos, que coinciden en líneas generales como buena parte de los efectuados por el 'establishment' economicista, el Reino Unido acabará siendo al menos un 2% más pobre que si formase parte de la UE. Y será así "para siempre", según propias palabras de Krugman.


Como se sabe, la libra esterlina ya se ha depreciado significativamente. En su cambio con el dólar estadounidense se aproxima a los niveles de 1985, cuando el redactor de estas líneas residía en Gran Bretaña empeñado en la conclusión de su tesis doctoral en la Universidad de Edimburgo. Disfrutaba entonces de una mayor disponibilidad de la beca otorgada por el Ministerio de Educación español, lo cual no era asunto menor o baladí. La libra esterlina ha ahondado la pérdida de su valor de los últimos tiempos y ahora se cambia a 1,29 US$. Cerca está de su nivel más bajo de diciembre de 1985, es decir 1,05 US% por cada libra, casi en la paridad absoluta entre ambas monedas.


Se argumentará que la pérdida de valor de la libra podría tener efectos muy benéficos para revitalizar la moribunda industria productiva británica, lo cual proveería de un extra competitivo a los productos manufacturados en el Reino Unido y comercializados en los mercados globales. Resta por evaluar también cuál será el 'efecto expulsión' de los capitales peregrinos y especuladores que en los últimos decenios han encontrado un plácido acomodo en la City londinense y que, de paso, han contribuido a que el Reino Unido no confrontara problemas de financiación de sus enormes deudas bancaria y pública agudizadas tras la crisis desatada en 2007. El futuro pondrá los pronósticos de los variados analistas económicos en su lugar. En el entretiempo, crecen las incertidumbres y hasta el miedo.


Los jóvenes ingleses se manifiestan en las calles, los responsables políticos escoceses flirtean con la idea de seguir en la Unión Europea, aunque sea fuera del Reino Unido. Los norirlandeses, mayoritariamente a favor de su permanencia en la UE, temen por la reedición de los 'troubles' y los enfrentamientos entre las comunidades católica y protestantes en el período 1968-98. Por doquier en las islas británicas se reedita la situación descrita en el conocido chascarrillo: "Antes yo era un indeciso, pero ahora no estoy seguro de lo que soy".


Así las cosas, no sería descabellado considerar la posibilidad de una vuelta del RU al redil de la UE. Según lo establecido por el vigente Tratado de Lisboa, un estado miembro puede retirarse voluntariamente del club europeo. Una vez expresada democráticamente la voluntad de los británicos en el pasado referéndum, toca ahora a las autoridades del Reino Unido notificar tal decisión al Consejo Europeo. Según el artículo 50 del mencionado Tratado de Lisboa, se establecerá la forma de la retirada en un período máximo de 2 años (salvo que el Consejo Europeo ampliara el plazo). De resultas de todo lo cual es posible y plausible que el Reino Unido reste con nosotros durante años. Incluso podría permanecer con carácter permanente si las autoridades británicas recapacitasen, por ejemplo, sobre los perjuicios de no pertenecer al mercado único europeo. Pasado un breve lapso tiempo fuera de la UE, se procedería a solicitar de nuevo la re-entrada en el club europeo. Algo ya previsto en el art.49 del Tratado de Lisboa que establece que el Parlamento Europeo aprobaría eventualmente la petición de adhesión del Estado solicitante para que el Consejo Europeo la acordase subsiguientemente.


Podrá cuestionarse si las autoridades del Reino Unido se inclinarían a realizar una nueva petición de adhesión a la UE. El paso del tiempo siempre ayuda a reconsiderar las malas decisiones que sólo la ofuscación del momento y el orgullo de 'no enmendalla' imposibilitan. Y es que como nos recuerda el proverbio: "Más vale arrepentirse de lo que se hizo, que de lo que no se hizo".



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