jueves, 19 de octubre de 2017 23:50
Opinión

"ABOGADO, JUEZ Y DOCTOR, CUANTO MÁS LEJOS, MEJOR"

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Caso Palau



Hace ya algún tiempo que los médicos, los maestros y los jueces gozaban de buena opinión, incluso, diría yo, admiración por parte de la ciudadanía. Con el paso del tiempo, las cosas han cambiado de tal manera, que ahora los maestros son pegados por alumnos y padres, los médicos son pegados por los enfermos y a los jueces nadie les pega porque mandan a las fuerzas de seguridad a que detengan a aquellos que lo intenten. Pero, sin embargo, han perdido todo el respeto y la admiración de los que gozaban.


Estos tres son sectores de la sociedad considerados ejemplares por la ciudadanía. Los médicos curan las enfermedades –aunque los hay que se equivocan con consecuencias muy graves--. Los profesores educan y forman a los hombres y mujeres del futuro. Todos guardamos recuerdos agradables o no de algunos profesores que han marcado nuestras vidas, tanto en lo positivo como en lo negativo. Es un colectivo de profesionales muy importante para cualquier país. Sin embargo, los jueces eran inalcanzables, por eso se llegaron a creer dioses. Y los dioses, según la mitología griega, están en el Olimpo, en las “nubes”. Esos tres pilares de profesionales de cualquier sociedad son muy importantes: unos cuidan de la salud, los otros de la educación y la cultura, y los terceros de aplicar justicia a la ciudadanía.


De los dos primeros grupos de profesionales se ha venido hablando mucho por esos procesos de transformación en la sociedad. De los dioses del Olimpo, muy poco. ¿Intocables? Eso creen algunos.


Los casos de corrupción han sido decisivos para que la gente empiece ya a cuestionar la independencia y la justicia que aplican los jueces. Hay voces que dicen que la justicia tiene dos balanzas: la que reciben los ricos y la que reciben los pobres. Muchísimos son los ejemplos que tenemos delante de nosotros. ¿Todos los jueces son iguales? Es evidente que no, pero el corporativismo mal entendido existe, y una gran mayoría mira para otro lado y no critica a sus compañeros porque están mal visto. Eso tiene un nombre, ¿no?


El caso Palau comenzó hace ya siete años y nadie ha pisado todavía la cárcel. Sin embargo, cualquier ciudadano anónimo ya estaría dentro. Cinco jueces han estado en el caso y ninguno ha sido capaz de meter en la cárcel a nadie. ¿Por qué? Esa pregunta es la que se hacen todos. La respuesta es mayoritariamente contraria a la actitud de esos cinco magistrados. ¿Y los Pujol? Más de lo mismo, y así podríamos ir llenando una lista de casos en el que los jueces alargan hasta el infinito los juicios y las sentencias. ¿Por qué? “Juez limpio de manos no acepta regalos”, decía no sé quién.


Los jueces deben hacer una profunda reflexión para cambiar las formas y el fondo de esa profesión que tanto ha defraudado a la ciudadanía. Si la sociedad ya no cree en la justicia ¿en que puede creer?

Termino con una frase popular: Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos, mejor”.



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