lunes, 11 de diciembre de 2017 10:39
Opinión

"LOS PAÑALES Y LOS POLÍTICOS HAN DE CAMBIARSE A MENUDO… Y POR LOS MISMOS MOTIVOS"

Carmen P. Flores
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Directora de Pressdigital

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Artur Mas, expresidente de la Generalitat de Catalunya


Dice un refrán popular que “quien a hierro mata a hierro muere”. Eso es lo que les puede suceder a los independentistas catalanes con respecto al TC, al que se han tomado como una chirigota de Cádiz y eso que no estamos en carnavales.


La presidenta del Parlament de Catalunya, Carmen Forcadell, con ese rictus permanente de mala leche, un discurso aprendido y manipulador, con ecpatía -- que no empatía--, que produce, al menos en mi caso, una alergia cutánea y una impotencia manifiesta solo corregida por la posibilidad de escribir estas líneas sobre ella. Forcadell es la antítesis de lo que debe ser un representante de la segunda institución de un país democrático.


La presidenta del Parlament se ha saltado las leyes, algo que el propio servicio jurídico de su institución le decía que era ilegal. Y lo ha hecho, dice, en nombre de los ciudadanos. ¿Qué ciudadanos? ¿Los independentistas? Estos últimos son los únicos que ella representa; el resto, que acate lo que ella dice porque es la enviada por el mesías Mas, ese que aún no se ha dado cuenta de que está muerto políticamente.


La Generalitat de Catalunya, que ha hecho tres cuartos de los mismo con el TC, le pide ahora amparo para quedarse con los 44 bienes de Sijena. Ya sé que fue una “compra” a las propietarias, unas monjitas necesitadas de dinero. Pero cuando se produjo su venta, la Generalitat era conocedora de que estas piezas ya estaban protegidas con anterioridad a su salida por la declaración de Monumento Nacional del Monasterio de Sijena en 1923. La Generalitat vuelve a argumentar que se tratade una colección catalogada y protegida por la legislación de patrimonio catalán y la ley de museos. ¿Los de Aragón no tienen leyes y derechos?



Pero las cosas con el TC no quedan ahí, pues los mismos que pasan de él (CDC/PDC, como lo quieran llamar, aunque a las elecciones al Congreso se presentaron con el primer nombre) apelan ahora a la doctrina del Tribunal Constitucional para que se interprete de la forma más favorable el cumplimiento de los requisitos reglamentarios. ¿Por qué? Para tener grupo propio y, así, aparte de contar con más presencia mediática –que no perderían porque ya tienen a TV3--, dispondrían de 30.000 euros mensuales (motivo que más les importa) que les reportaría el grupo. Con ese dinero pueden colocar a sus “asistentes” para realizar los trabajos a los diputados.


Nadie entiende nada, o quizás sí. Los independentistas apelan al TC solo cuando “sus intereses se ven perjudicados”, pero no aceptan cumplir las leyes de los que ellos mismos apelan. Lo que queda en evidencia es la doble vara de medir y el doble lenguaje que utilizan los salvadores de la patria, los independentistas. Pero, como decía el filósofo y escritor George Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Que no se les olvide, por muchas chulerías verbales que digan algunos.


Artur Mas, en la escuela de verano de su partido, delante de sus cachorros y para que la doctrina siga en la misma línea, y con el altavoz de la televisión de los independentistas, decía: Se equivocan quienes piensen que Catalunya "agachará la cabeza" ante el TC”. ¿Ah, sí? Pues a Mas le dedico esta frase de George Bernard Shaw: “Los pañales y los políticos han de cambiarse a menudo… Y por los mismos motivos”.

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