lunes, 23 de octubre de 2017 06:29
Editorial

TIEMPO MUERTO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Sanchez 4


Si el lío socialista, en lugar de jugarse en la sede de Ferraz se hubiera disputado en el Ramón Magariños, seguramente, los responsables del desaguisado en los dos bandos, hubieran pedido tiempo muerto para pensar la estrategia más adecuada y buscar la forma de no destrozar a su propio partido. No ha sido así y esta regla la va a tener que aprovechar la Gestora del asturiano Javier Fernández quien, ahora mismo, necesita de ese descanso vivificador para ver cómo salva el minuto de oro de la gobernabilidad y a continuación, cómo arregla el desaguisado, que va a provocar un incendio considerable en casi todas las agrupaciones del Estado si no se actúa inmediatamente.


Y mientras tanto, Pedro Sánchez espera agazapado su segunda oportunidad, que consiste en presentarse como "salvador de las bases" a unas primarias, que todos sabemos que siempre gana el aparato. El mismo aparato que dejó a Edu Madina con un palmo de narices y le encumbró a él, a Pedro, a la secretaría general con los resultados que todos conocemos. En esa hoja de ruta el ex líder tiene anotado en relieve el papel que va a jugar el PSC para ayudarle a lograr su propósito, ya que los sociatas catalanes se han mojado hasta las trancas en la triste jornada del sábado, por supuesto, sin consultar a sus bases, por un político que ha usado la visceralidad del no es no para tapar una inoperancia absoluta en busca de la cohesión interna y en el respeto a las ideas de los más discrepantes pese que muchos de ellos le auparon al liderazgo. Iceta y los suyos ya saben a estas horas que se la juegan y que su prestigio pactista puede quedar mortalmente en entredicho.


El PSOE es un partido muy importante para el equilibrio político de este país. Si quienes ostentan el poder en la sombra lo reducen a una formación testimonial, es más que probable que la cosecha que recojan no les guste en absoluto, ya que detrás de los de Ferraz caerán los de Génova, acuciados por una calendario judicial terrible y unas sentencias que no van a dejar al país indiferente. La pregunta que deben hacerse es si España debe parecerse a Grecia o intentar alcanzar a Alemania algún día y tirar de una Europa en decadencia. Como no estamos en los mecanismos que manejan los que de verdad mandan, que sean ellos los que se den a sí mismos la respuesta que no debe tardar mucho en llegar.


Mientras, nosotros, sin pretensiones, apostamos por la regeneración de la socialdemocracia española, con todos sus defectos, como gran arma de defensa de los derechos de muchísima gente y también por el giro hacia la decencia de una derecha civilizada sabiamente centrada y con otros rostros con menos lastre en los próximos carteles electorales. Ambas cosas, se nos antojan imprescindibles para salir definitivamente de la crisis y, sobre todo, para aspirar a un futuro mejor.


De momento, concedámosle un generoso "tiempo muerto" a la nueva gestora del PSOE. 

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