jueves, 21 de septiembre de 2017 05:16
Opinión

DE CIUDADES Y CIUDADANOS INTELIGENTES

Pablo Rodríguez Canfranc
Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

Smartcity


El concepto smart city marca un antes y un después en la gestión de los núcleos urbanos. A grandes rasgos implica utilizar la tecnología para mejorar el funcionamiento de los servicios de que gozan los habitantes, partiendo de los principios de eficiencia y ahorro de costes. Pero es algo más, también hace referencia a un nuevo marco de relaciones del ciudadano con su entorno que pretende mejorar la calidad de vida en las concentraciones de población.


Para convertir una ciudad en inteligente es necesario coordinar las acciones de distintos agentes (gobiernos, empresas tecnológicas, ciudadanos, inversores, etc.) que trabajan individualmente para que lo hagan en la misma dirección. Además, la multitud y variedad de aspectos que entraña hace que sea muy complejo definir con precisión la smart city y establecer su grado de desarrollo.


¿Qué podemos concebir como una smart city y qué no? Si cotejamos distintas definiciones existentes, todas tienen en común el protagonismo de las tecnologías de la comunicación, pero aparte de eso, algunas hablan de "sistemas de sistemas" (MIT), otras se centran en la prestación de servicios (PwC e IE Business School) y otras en el desarrollo sostenible y la calidad de vida (AENOR). Hace falta concretar qué es exactamente una ciudad inteligente y sobre todo, poder "medirla".


Se trata de una tarea que han llevado a cabo Santiago Arizmendi Gutiérrez, Julio Navío Marco y José Antonio Portilla Figueras descrita en el artículo Smart cities. ¿Cómo determinar el estado de desarrollo de una ciudad inteligente? publicado en el número 105 de la revista TELOS. Básicamente, han elaborado una batería de indicadores cuantificables que permiten determinar cuánto tiene de inteligente una ciudad en particular para poder compararla con otras urbes en materia smart.


Aunque lo realmente inteligente que puede llegar a ser una ciudad depende de sus habitantes, de los agentes que les dan vida y forma, a través de sus continuas interacciones. Se habla de que la creatividad, el aprendizaje, la educación y el conocimiento juegan un papel central en las ciudades inteligentes y por ello se insiste en la importancia de desarrollar una infraestructura social, aparte de las infraestructuras físicas, invirtiendo en capital humano e intelectual. Dentro del mismo número de TELOS, José Ramón Sarmiento Guede nos recuerda en su artículo Ciudades y ciudadanos inteligentes que la smart city ha de concebirse como una comunidad en la que los miembros y las instituciones trabajan conjuntamente para transformar su entorno.


La ciudad es a fin de cuentas un espacio humano, aparte de la tecnología y las infraestructuras, y como tal debe estar al servicio de sus habitantes y perseguir la máxima calidad de vida para ellos. Porque la urbe es esencialmente relaciones humanas, y como poéticamente escribió Lawrence Durrell, "una ciudad se convierte en un mundo cuando uno se enamora de uno de sus habitantes".

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