jueves, 14 de diciembre de 2017 11:15
Opinión

POR UN ASUNTO QUE NO SIENTE LA MAYORÍA

Miquel Escudero
Miquel Escudero

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Hace años que el dietario Abans del sis d’octubre, de Amadeu Hurtado, está señalado como ‘de obligada lectura’ para el catalán del siglo XXI. Da la impresión, sin embargo, de que quienes lo han leído y asimilado no tienen la influencia deseable en la política catalana, para imponer sensatez y sabiduría. Me voy a permitir desgranar para ustedes algunas de sus reflexiones. Nacido en Vilanova i la Geltrú, Hurtado (1875-1950) fue un abogado de prestigio, llegó a diputado en las Cortes -era federalista y republicano- y tuvo una intensa actividad periodística. En el prólogo a este dietario se recoge la defensa de “un catalanismo al margen de la ortodoxia doctrinal del nacionalismo, basado en la realidad viva de una riqueza y una cultura creadas con el esfuerzo propio más que en la realidad histórica de una soberanía antigua y que, en vez de concretar la aspiración a rehacer un pequeño Estado entregado a los intereses ocasionales de los poderosos, reclame una posición de primera línea en la dirección política y espiritual de la península”. Nada que ver, pues, con las posiciones de quienes hoy rigen las instituciones catalanas.


El 8 de junio de 1934 (cuatro meses antes de la proclamación unilateral del Estado Catalán dentro de la República Federal Española), Hurtado le pedía a Companys que no se dejase arrastrar por un interés de partido y que “la gran masa no os seguirá en actitudes heroicas por un asunto que no siente y que en rigor no existe”. Sin embargo, a Companys no le interesaba en absoluto su opinión: “Tiene ya un criterio formado y una actitud tomada, y le molesta pensar que pueda haber otra”; una evidente falta de inteligencia. Amadeu Hurtado se lamentaba de que Catalunya no fuera capaz de producir otro tipo de político diferente al agitador, “propenso a la protesta como el mismo pueblo y hábil para aprovechar cualquier motivo de orden sentimental para asustar al adversario mientras dure la llamarada”. Y denunciaba que al pueblo se le transmitiese con insistencia la idea de que la República –la cual había reconocido la autonomía catalana- era tan odiosa como la Monarquía, “y esto, además de injusto, puede ser funesto”. Alertaba en especial sobre “los nazis del Estat Català, que son quienes mejor aprovechan estos movimientos sentimentales de nuestra gente”. ¿Cabe tomar nota o no, amigo lector, o nos importa que alguien se enfade?

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