domingo, 17 de diciembre de 2017 07:25
Opinión

NACIONALISTA O WIRTLANDÉS

Ángel Piñeiro
Ángel Piñeiro

Nacido en Santiago de Compostela en 1973. Realizó su licenciatura en Física y su doctorado en Física Aplicada en la Universidad Compostelana. Fue Profesor Asociado durante 6 años en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó un postdoctorado en la Universidad de Groningen y fue investigador visitante en la Universidad de Southampton y en el Instituto Laue-Langevin (Grenoble). Es autor de numerosas publicaciones internacionales dedicadas principalmente al desarrollo de modelos y simulación computacional de interacciones entre moléculas. Es también socio fundador de las spin-off de la USC “Sofware 4 Science Developments S. L.” y “MDUSe Innovations S.L.”. Actualmente es Profesor del Departamento de Física Aplicada de la USC y colabora activamente con las spin-off de las cuales es promotor. Aficionado a las nuevas tecnologías, a la ciencia ficción y al running.

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Vivimos en una época en la que la mayoría de los negocios son más difíciles de concebir sin internet que sin establecimientos físicos abiertos al público. Existen bancos, empresas aseguradoras, universidades, academias, casas de apuestas, revistas especializadas, prensa general, juegos, tiendas de todo tipo… que tienen sus páginas web o aplicaciones como único medio para interactuar con sus clientes. Incluso la administración pública hace cada vez más uso de internet para facilitar o agilizar trámites con los ciudadanos.


El centro comercial más grande del mundo, Amazon, no necesita ninguna tienda física en la que la gente vaya a realizar compras. Las redes sociales son lugares virtuales de reunión de muchísimas personas en los que se intercambia información de manera muy eficaz ya que los comentarios, fotos, artículos o vídeos que se suben a estas plataformas son leídos por aquellos a los que les interesa e ignorados por los demás. En este escenario, ¿es posible plantearse la existencia de una nación virtual, sin territorio físico pero con gobierno y población real? ¿Es necesario que un Estado tenga un territorio físico? ¿Podría ser incluso una ventaja que una nación no tuviese territorio físico y sus ciudadanos estuviesen distribuidos por todo el planeta?


El 14 de agosto de 2008 se fundó Wirtland, una iniciativa a través de internet que presume de ser el primer país virtual. Wirtland no tiene edificios, ni ciudades, ni regiones, ni fronteras físicas, aunque sí tiene bandera, escudo, sellos y moneda propia. Cualquier persona mayor de 18 años puede solicitar la ciudadanía de este país, independientemente de su origen, edad o religión. Tiene censados más de 5000 ciudadanos entre los que se encuentran Edward Snowden, Julian Assange y el mismísimo Barak Obama.


No está reconocido como país por Naciones Unidas pero, además de símbolos nacionales, tiene un centro médico en desarrollo, un instituto de investigación, una red social propia y varios proyectos más impulsados por sus ciudadanos y gobernantes. El éxito de Wirtland, sin el apoyo de alguna de las grandes fortunas, probablemente dependa de si consigue ser sostenible con sus propios recursos pero independientemente de si este país virtual logra consolidarse, la iniciativa es sin duda interesante.


Hay muchas personas en el mundo que no se sienten identificadas ni representadas por sus gobiernos o incluso por los valores de la sociedad en la que viven, a los que les resultaría atractivo tener una alternativa. De la misma manera que se creó Wirtland podría crearse cualquier otro país virtual con valores y políticas “a la carta”.


Si la economía converge hacia una situación en la que los territorios y los bienes tangibles son prescindibles para generar riqueza, podrían surgir más iniciativas parecidas. El poder de convocatoria de internet es absolutamente impresionante. Basta mencionar que Facebook tiene más usuarios recurrentes que el número de habitantes de China o India. Si una iniciativa similar a Wirtland lograse un poder de convocatoria comparable, sería bastante difícil pararlo.


Es difícil imaginar lo que representaría el equivalente al producto interior bruto generado por los usuarios de Facebook pero supongamos que un día se ponen todos de acuerdo, rompen sus pasaportes, solicitan la ciudadanía de Wirtland o de cualquier otro país virtual y aceptan pagar impuestos allí (siendo conscientes de los problemas que esto podría generar a muy diferentes niveles, sólo imaginemos que es posible). Una economía de casi 2 mil millones de contribuyentes que no necesitan construir ni mantener infraestructuras físicas, no necesitan ejército ni policía porque no hay fronteras ni propiedad pública que defender. Sería bastante difícil frenar la presión de algo comparable.


Es muy complicado que tantas personas se pongan de acuerdo a semejante nivel porque es seguro que los usuarios de Facebook tienen ideas y valores completamente diferentes y hasta incompatibles unos de otros pero este ejercicio de imaginación nos da una idea de un escenario con posibilidades reales.


Quizá en algún momento surja la oportunidad de escoger, de acuerdo con nuestras ideas e intereses específicos, una nacionalidad virtual independiente de la que tengamos por haber nacido en un determinado territorio físico. Esta idea es justo la contraria a la de los nacionalismos actuales, que tienen el territorio como núcleo de unión entre sus ciudadanos.


En un país virtual el territorio sería totalmente irrelevante y el núcleo de unión serían las ideas y los valores de sus ciudadanos independientemente de su procedencia y lugar de residencia. ¿Cuál de los dos modelos tiene más sentido? Si surgiese un país virtual con el que comulgases al 100% (en ideas y valores) y te ofreciese oportunidades de trabajo atractivas, ¿qué escogerías ser? ¿Gallego/Catalán/Vasco, Español o Wirtlandés?

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