miércoles, 13 de diciembre de 2017 21:53
Opinión

AZORÍN Y UNA ANDALUCÍA DOLIENTE

Miquel Escudero
Miquel Escudero

AzornporRamonCasas

Azorín por Ramón Casas - Museo Nacional de Arte de Cataluña


Azorín, nacido en Monóvar (Alicante) y llamado José Martínez Ruiz, murió hace medio siglo. Contaba 93 años de edad y dejó escritas miles de páginas hermosas, repletas de ricas y sencillas vivencias. En 1905, publicó cinco largos artículos periodísticos referidos a la miseria y la angustia padecidas especialmente en Lebrija, municipio sevillano donde nació el autor de la primera Gramática de la Lengua Española, Antonio de Nebrija. Bajo el título de 'La Andalucía trágica', salieron en El Imparcial, diario dirigido por José Ortega Munilla, padre del filósofo. Recuerdo ahora unos versos de Miguel Hernández: "Que salga del corazón/ de los hombres jornaleros,/ que antes de ser hombres son/ y han sido niños yunteros". 


Azorín sabía captar en aquellos jornaleros humildes la mirada inteligente, de "una profunda y súbita comprensión, que se os lanza y que os coge desde los pies a la cabeza". Y describe: "por las calles espaciosas cruza un labriego con su ancho sombrero blanco, grasiento, que se para un instante, nos mira con su mirada atenta y torna a proseguir en su marcha indolente, melancólica, resignada, tal vez sin rumbo". 


¿Cómo marcha este pueblo?, le pregunta al mozo del casino: "Juan da un hondo suspiro, enarca la ceja, aprieta los labios y, al cabo, dice: -Má, mú má; no hay d’aquí… Y al decir esto hace ante la boca con su mano derecha un movimiento con el que quiere indicar el acto de comer". Azorín refería la desidia burocrática para iniciar unas obras públicas que dieran trabajo a estos labriegos que se sientan anonadados en la plaza, se levantan, "entran en su casa, oyen los lamentos de sus mujeres y de sus hijos; vuelven a salir; tornan a recorrer, exasperados, enardecidos, por centésima vez las calles". 


Y concluye: "no hagáis vosotros, los que llenáis las Cámaras y los Ministerios, que los que viven en las fábricas y los campos vean en vosotros la causa de sus dolores". Por tanto, proseguía este maestro del sentir, "yo quiero que temáis y respetéis a estos hombres que a vosotros os parecen insignificantes y opacos, a estos hombres que pasan inadvertidos por la vida; ellos hacen las cosas grandes, ellos son tremendos, ellos guían e inspiran a las muchedumbres en las revoluciones". 


De esos escritos han transcurrido un siglo y una docena de años, y vuelve a quedar claro lo que supone consentir la indiferencia reaccionaria y dar oportunidades al populismo demoledor.


Artículo publicado originalmente en CatalunyaPress


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