miércoles, 22 de noviembre de 2017 06:36
Editorial

A VER QUIÉN ES EL GUAPO QUE AHORA ARREGLA ESTO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

MarianoRajoyyCarlesPuigdemont


La carta de Rajoy a Puigdemont ha abierto definitivamente el melón del "desencuentro final" que, en las últimas horas, han jaleado varios miembros del Gobierno de Madrid con la ayuda inestimable --¡cómo no!-- del Grupo Prisa (como en los mejores tiempos de Felipe). 


Para abrir boca, se ha confirmado la prisión incondicional para "el más listo" del Círculo Virtuoso blaugrana, el expresidente del Barça Sandro Rosell al cual, como por casualidad, se le ha detenido precisamente ahora, cuando A Folla de São Paulo lleva años contándonos sus negocios, presuntamente ilícitos, con el poderoso pope del futbol brasileiro Ricardo Terra Teixeira, que sigue esperando con el alma en un puño a que Rosell no cante, para así evitarse la "pequeña molestia" de que el FBI no se lo lleve a Estados Unidos, donde podrían caerle un generoso número de años en la cárcel.


Y como todo en la vida no es solo blanco ni tampoco exclusivamente en negro, los empresarios del Círculo de Economía, viéndose encima la que nos va a caer, ya han acudido al quite, para pedir públicamente a Puigdemont y Rajoy --aprovechando las Jornadas de Economía que han comenzado en Sitges—que entren en razón, y entierren el hacha de guerra, encontrando de nuevo la vía del consenso, que ambos han perdido, Dios sabe cuándo y dónde.


Y para hacerse creíbles, primero, se han dirigido al President de la Generalitat, para que acceda a acudir al Congreso a reivindicar sus ideas, y a continuación, a sentarse a pactar con Rajoy un futuro común, como ya ha hecho con enorme sabiduría política el PNV.


Naturalmente, nadie a estas alturas del conflicto se cree que el dirigente catalán y los suyos se dejen convencer por tanta lógica empresarial, por muy catalana que ésta sea, porque ya han llegado demasiado lejos y el President, nos da la sensación de que tiene vocación de mártir.


Así que, con el calor que hace y la tensión que se ha acumulado, nos vemos todos metidos en un axfisiante callejón sin salida, del que nadie va a salir ganando y tras el cual se esconde un inmenso desierto de incomprensión que va a durar muchos años, para desgracia de España y sobre todo de Catalunya.


Ojalá nos equivoquemos, pero el presente pinta que ya es un dramón tipo Ama Rosa y el futuro... aun peor. A ver quién es el guapo que ahora arregla esto... sin bajarse del burro, claro.



Artículo publicado originalmente en Catalunyapress

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