viernes, 24 de noviembre de 2017 19:21
Opinión

NO ERA EL ROBOT EL QUE TE QUITABA EL TRABAJO

Pablo Rodríguez Canfranc
Pablo Rodríguez Canfranc
Economista

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Llevamos no poco tiempo alarmándonos, hasta caer en el ataque de pánico, por las consecuencias de la innovación tecnológica actual sobre el mercado de trabajo. El discurso ortodoxo nos anuncia que los avances en la automatización y en la inteligencia artificial están destruyendo más puestos de trabajo de los que pueda estar creando la revolución digital, abocando a grandes masas de trabajadores, tanto los más cualificados como los menos, al desempleo y la exclusión social.


Pues bien, no todo el mundo está de acuerdo con esta versión tecnoapocalíptica del futuro cercano. Desde Washington, el think tank ITIF (Information Technology & Innovation Foundation) defiende, con estadísticas y datos en la mano, que la destrucción de empleo actual no es especialmente elevada, comparada con otras épocas de la historia de Estados Unidos. Es más, el informe en cuestión False Alarmism: Technological Disruption and the U.S. Labor Market, 1850–2015, niega que el ritmo de innovación tecnológica que vivimos –que para algunos es exponencial en vez de lineal y que no ha tenido precedentes-, sea de ninguna forma especial comparado con los de los anteriores 165 años.


Los autores del trabajo, Robert D. Atkinson y John Wu, reconocen que estamos viviendo una época de grandes avances técnicos (la telefonía móvil, los coches autónomos, los drones o los descubrimientos en la bioquímica), pero el ritmo de innovación es similar al de los últimos 200 años, en los que hemos conocido periodos de despliegue tecnológico tan robustos con el de ahora. A pesar de lo que definen como “invenciones icónicas”, como la electricidad, el motor de explosión, el ordenador o Internet, el cambio se ha producido mucho más lentamente de lo que la gente piensa.


De acuerdo con el informe de ITIF, las transformaciones del mercado laboral de este siglo que vivimos, por lo menos en Estados Unidos que se considera un país representativo del mundo industrializado, han sido inferiores a los de épocas precedentes. El ratio de creación de nuevos puestos de trabajo y destrucción de empleos tradicionales ha sido tan solo de 38% del que se produjo entre 1950 y 2000, y del 42% del registrado entre 1850 y 2000. Es decir, que en este breve periodo de menos de veinte años en el que hemos conocido el estallido de la burbuja de las empresas puntocom, la Gran Recesión de 2007 y la digitalización de la economía y la sociedad, el mercado de trabajo no se ha visto ni la mitad de alterado que en la segunda mitad del siglo XX o que en la Segunda Revolución Industrial.


Si hablamos de la destrucción absoluta de empleos, el siglo XX registro una media por década de 5,9%, pero entre 2000 y 2010 la cifra tan solo fue del 4,1%. Durante el siglo pasado el empleo era destruido a un ritmo mayor que en este.


¿Qué sucede entonces con el empleo actualmente? A juicio de los autores del informe el problema de las economías actuales no es la amenaza de la tecnología sino del bajísimo crecimiento de la productividad, que de acuerdo con el informe en la última década ha sido el menor en 75 años. Es por ello que proponen que, en vez de poner cortapisas al desarrollo tecnológico, los artífices de las políticas económicas deben buscar el medio de elevar la productividad. 


Artículo publicado originalmente en CatalunyaPress.

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