domingo, 17 de diciembre de 2017 05:04
Editorial

LA HUELGA DE LOS EXAMINADORES DE TRÁFICO

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Huelga examinadores autoescuelas



Anda este colectivo calentando el ánimo, no de quienes no les pagan los atrasos o no les suben el sueldo, sino de las verdaderas víctimas de este nuevo conflicto laboral: los pobres aspirantes, hijos nuestros todos, mileuristas por naturaleza, que han pagado a precio de oro las autoescuelas y a Tráfico sus matrículas y clases teóricas y prácticas para alcanzar el derecho de poder examinarse con todo el miedo del mundo.


Por si fuera poca la gracia que tiene la cosa, resulta que es ya un rumor clamoroso el que, en estos días de conflicto -cuando toca examinar, que algún día dejan los huelguistas- los muy cabreados examinadores se están cargando presuntamente de forma masiva a las pobres criaturas, que no tienen ninguna culpa del lio que se ha montado, y que acuden en la jornada que les han dejado a sacarse el carnet.


Si eso es así -las estadísticas nos lo dirán pronto- es para cabrearse con el sistema y montarle una gorda a la totalidad de los protagonistas del conflicto, examinadores especialmente.


Por si les sirve de algo, les cuento la experiencia que vivimos los que inauguramos la Facultad de Ciencias de la Información -que así se llamaba nuestra desdichada carrera de periodista- en la Autónoma de Barcelona, que duraba cinco años y prometía lo suyo, ya que el profesorado penene, se había escogido de varios campus americanos y europeos, con el fin de tener en Catalunya una Universidad parecida a la de los países más avanzados del mundo mundial.


Lo cierto es que, al segundo año de estar alojados en un edificio que no era el de la carrera, los jóvenes profesores interinos entraron en huelga por unos derechos tan justos como los de los actuales examinadores de tráfico. Una huelga que duró "todo el curso", de septiembre a junio. O sea: que no pudimos dar clases pese a que habíamos pagado religiosamente una matrícula que, comparada con la de hoy, era una verdadera salvajada, y eso que la de ahora es infumable.


Lo cierto es que nuestros penenes no nos quisieron fastidiar y, para no hacerlo y acabar de dejar en evidencia al Ministerio, acordaron ponernos a todos en la casilla de la nota final un cinco pelado cum laude, que nos salvó el dinero y dejó al Gobierno en el mayor de los ridículos.


¿Fue justa la decisión?: No lo sé. Lo que sí sé es que los alumnos quedamos satisfechos porque no perdimos nuestro dinero -pagado en dos plazos- y los penenes ganaron finalmente aquella huelga. Al curso siguiente hubo que trabajar el doble, pero ninguno nos quejamos.


Si el ejemplo sirve para algo, tomen nota los examinadores de tráfico, que de los aciertos de los demás también se aprende.

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