lunes, 11 de diciembre de 2017 18:20
Editorial

LA JUSTICIA NO PARA, PUIGDEMONT

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Puigdemontmvil


El paso atrás del señor Puigdemont lo definió de manera magistral el diputado Iceta: 


"No se puede suspender una declaración que no se ha hecho”.


En otras palabras, lo que escuchamos en el Parlament este muy triste y dramático 10 de octubre es tan solo una argucia para que la Justicia -que ha comenzado a buscar pruebas con las que juzgar y condenar a los causantes del mayor desafecto que ha sufrido nuestra democracia desde su muy difícil puesta en marcha y consolidación- algo que mucho me temo no va a poder conseguir.


Los jueces y fiscales siguen con su trabajo y las fuerzas de seguridad del Estado con mucho -enorme diría yo- soporte internacional de sus colegas norteamericanos, franceses o británicos, por reseñar algunos de los más conocidos, pondrán sobre la mesa las pruebas que implican a quienes han querido subvertir la legalidad y de paso romper Europa, que es un delito mucho mas grave.


El último error ha sido "insultar" a un Rey que, siendo árbitro de su reino, eso es verdad, tiene una obligación aun mucho mayor como es la de defender la Constitución que nos da amparo a todos, incluidos los catalanes. Y como así lo ha hecho con entereza y moderación, quienes le critican desde el independentismo se equivocan, porque hasta los que tenemos vocación de republicanos nos produce asco y nos cabrea profundamente. ¿Pero que querían estos felones que dijera el Rey ante esta desobediencia unilateral?


¿Qué hará Rajoy? Perdonen, pero a la vista de lo que no ha hecho durante estos últimos años, soy pesimista, porque lo de Catalunya también es culpa suya, además de los que le precedieron y miraron durante 23 años para otro lado, dejando hacer a unas élites emparentadas entre sí que llegaron a constituir una"omertá" que nos persiguió a los "otros catalanes", y que encontró en otra argucia parecida a la que hoy nos quiere vender Puigdemont, "la de que su líder era un hombre de Estado y contribuía a su estabilidad", la manera de hacerse ricos y convertir Catalunya en su finca particular. Eran los tiempos en los que Pujol era Español del año y su Generalitat la capital del Paraíso catalán.


Olvidar ese "pequeño detalle" es volver a las andadas. Dialogar sí, pero sin caer en el "síndrome de Estocolmo" o en la trampa que en una conocida cena pergeñaron los tramposos Junqueras, Iglesias y Roures, a cuya sola presencia hay que exorcizar con un vade retro diabólico.


También me quedo en este punto del guión con la marcha de Planeta, que ha esperado hasta escuchar a Puigdemont. Sinceramente, el patriarca José Manuel Lara no hubiera aguantado tanto y su hijo ya hubiera metido en cintura a la Sexta hace ya algún tiempo, porque ese no era el proyecto mediático que diseñó y que nos explicó a un par de personas en una muy grata cena en el Restaurante Solchaga de Madrid. Pero claro, ninguno de los dos vive y Sevilla se ha quedado sin la sede que quería su Fundador: C'est la vie.


Puigdemont, no tengas ninguna duda, la Justicia hará su trabajo y mucho me temo que no te va a gustar. A mí, en cambio, me da confianza.



Artículo publicado originalmente en Catalunyapress.

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