sábado, 18 de noviembre de 2017 16:55
Editorial

LOS CATALANES NOS TENEMOS QUE RECONCILIAR

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Josep Tarradellas a su llegada a Barcelona el 23 octubre 1977

Tarradellas, a su llegada a Barcelona, cantando 'Els Segadors'



En este 23 de octubre del 2017 me he acordado de Tarradellas y me he girado a la izquierda de mi despacho donde luce una copia enorme de la fotografía en la que se ve al Presidente cantando el Himno de Catalunya sobre una plataforma tras la cual, le acompañan en histórica foto de familia todos los políticos catalanes que acudieron a recibirle a pie de pista al Aeropuerto de Barcelona. Todos cantan y sus voces todavía resuenan en mis oídos.


Muchos ya no están vivos y los otros, plenamente jubilados, porque quiero pensar que Pujol no anda detrás de todo este lio que tenemos ahora en Catalunya. A mí se me ve muy joven con un micrófono en la mano, con cara de pocos amigos, mirando hacia los maestros de la fotografía que teníamos entonces, Dios me perdone, porque empujaban sin consideración a mi compañero Ignacio Otal que era el técnico que me ayudó a conseguir la proeza de estar en primera línea. 


Y digo proeza porque, por aquel entonces, había que tirar decenas de cables para llegar hasta allí contando con la generosidad de los celadores de telefónica, que hacían posible o no la llegada del sonido de tan histórico momento, porque ni había inalámbricos ni móviles, como ahora disponemos.


Esa foto la quiero mucho, y siempre doy las gracias a su autor que me la envió anónimamente a la Radio, -entonces Radio Miramar- para que pudiera enseñársela con orgullo a mis hijos y éstos a las generaciones venideras de mi familia. 


Era mi certificado de catalanidad y también de periodista de compromiso. Claro, la Licenciatura me la entregaron en la Autónoma de Bellaterra, pero el aprendizaje del oficio lo tuve que hacer en la calle o delante de un micrófono con compañeros extraordinarios que hoy son una parte imborrable de la historia de la Radio.


Es la misma foto con la que me honraron colocándola en el Museo de la Fotografía de Catalunya, y es una instantánea para no olvidar, porque es única. Detrás de todos nosotros se ve el avión presidencial y claramente en su punta el nombre Ciudad de Mahón.


¿Y por qué les cuento todo esto? Primero, porque soy cuarenta años más viejo y eso es toda una vida, y a continuación porque hoy es el aniversario de la venida y siento añoranza de toda aquella clase política a la que conocí y entrevisté infinidad de veces durante la clandestinidad anterior y ya a partir de ese día durante la Transición democrática. Eran gente extraordinaria. Unos apasionados amantes de Catalunya. 


Cada uno pensaba de una forma diferente, y muchos venían o habían estado en el exilio y en la cárcel. Pero todos supieron cumplir y cumplieron de sobras con la misión que la Historia les había encomendado: Devolvernos la Generalitat al pueblo de Catalunya para que todos, por igual, supiéramos disfrutarla.


No presumían de nada pero, a mi sencillo entender -y perdónenme los que ahora nos llaman unionistas, siervos o lo que es peor, franquistas- lo hicieron de libro. Y Josep Tarradellas, por supuesto, de Matrícula de Honor.


Para honrar su memoria y viendo que nuestros actuales padres de las dos patrias no se ponen de acuerdo en nada, me comprometo a tomarme un agua cada día -porque el café me lo ha quitado el médico- con todo aquel que no piense como yo, con el firme propósito de echar una mano a la convivencia, para que como entonces, los ciudadanos de Catalunya no nos enfademos los unos con los otros, y que los hijos y los hijos de nuestro hijos, puedan convivir en paz, eso sí, todos juntos. 


No es mucho, pero si los que ahora somos, independentistas o constitucionalistas, intentamos avanzar paso a paso en esa dirección, seguro que volveremos a encontrar el camino que nos permita volver a reconciliarnos.


¿Es un utopía? Pero, ¿que podemos perder con intentarlo?


¡Va por Vd., Presidente y por todos aquellos políticos que acudieron al aeropuerto de El Prat a darle la bienvenida en aquel imborrable 23 de octubre de 1977. Muchos catalanes todavía os echamos de menos.

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