miércoles, 13 de diciembre de 2017 16:14
Opinión

KANDINSKY, LLENO DE RESONANCIAS

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Vassily Kandinsky 1939  Composition 10

Kandinsky veía materialista a la masa de su tiempo



Cuando tenía treinta años de edad, un profesor ruso en Ciencias Sociales, Vasily Kandinsky (1866-1944), dejó su cargo en la Universidad para dedicarse en exclusiva a la pintura. Es autor de dos interesantísimos libros: ‘De lo espiritual en el arte’ (1911) y ‘Punto y línea sobre el plano’ (1926). La composición poética combina lo velado con lo desvelado. En el afán de arrancar al objeto la expresión y manifestar una necesidad interior, hay que experimentar continuamente.


Conquistada una madurez interior, cada artista tiene algo que decir, algo valioso, y ha de superar a la Mano Negra que alienta el miedo a la libertad. No hay razón pura en el arte.


Mirad este volumen que traigo aquí, se titula ‘La gramática de la creación. El futuro de la pintura’. No es propiamente un libro, sino una colección de artículos y entrevistas en donde Kandinsky abunda en sus teorías. Para él la pregunta básica a hacerse frente a una obra de arte es: “¿qué deseo interior personal ha expresado el artista en esta obra?”. Ese es el corazón de la cuestión. Pregúntense, dice, “si esta obra les ha hecho pasear por un mundo anteriormente desconocido para ustedes. Si es que sí, ¿qué más quieren?”. Sin embargo, la crítica de arte se esfuerza, por lo general, más en ‘descubrir las faltas’, los ‘errores’, las ‘ignorancias’, las ‘copias’, etc.” que en sentir cómo tal o cual forma actúa. Si así se hiciese, podría comunicar al público lo que se ha experimentado. Pero “para hacer esto, el crítico debería poseer, claro está, un alma de poeta” y su tarea consistiría en “realzar y dar a conocer los resultados positivos, los logros”.


Vasily Kandinsky decía ver a la gran masa de su tiempo como “sumamente materialista y formalista. Por consiguiente, reaccionaria”. Y proseguía diciendo que los reaccionarios se aferran al pasado. Se figuran fieles al espíritu del pasado, pero, en cambio, únicamente son fieles a la forma. El gran artista ruso declaraba que sólo pretendía pintar “buenos cuadros, esenciales y vivos”, que fuesen “sentidos con justicia al menos por algunas personas”. Y es que “el artista no trabaja para merecer elogios o admiración, o para evitar la censura y el odio, sino obedeciendo a la voz que gobierna con autoridad, a la voz del maestro ante el cual debe inclinarse”. ¿No os parece aleccionador? 



Artículo publicado originalmente en Catalunyapress.es

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