jueves, 2 de abril de 2026 12:57

Economía

Roland Berger avisa de una crisis de fertilizantes en Europa más grave que la de 2021-2022

En el mercado español de agroinsumos, valorado en 5.600 millones, el segmento más expuesto es la nutrición vegetal, la mitad del total
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Agricultor en su tractor

En el mercado español de agroinsumos, valorado en 5.600 millones, el segmento más expuesto es la nutrición vegetal, la mitad del total

La guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz pueden desencadenar en el sector agroalimentario europeo una crisis potencialmente más grave que la vivida en 2021-2022 tras la pandemia y el inicio de la guerra de Ucrania, según advierte la consultora Roland Berger.

De acuerdo con su análisis, el colapso de las exportaciones de fertilizantes a través de este corredor, por donde transita alrededor de un tercio de la urea mundial y el 45% del azufre global, amenaza con encarecer de forma significativa los costes en toda la cadena, desde el campo hasta el supermercado.

El estudio, basado en datos de CRU y Kpler, señala que los envíos diarios de fertilizantes por Ormuz han pasado en pocas semanas de 100-200 unidades a prácticamente cero.

Esta restricción física de materias primas clave se suma a unos precios que no habían vuelto a los niveles previos al Covid, después de una crisis en la que la urea llegó a triplicarse, el coste del MWh eléctrico se multiplicó por 12 y el transporte marítimo de contenedores se encareció un 80%.

En el mercado español de agroinsumos, valorado en unos 5.600 millones de euros a precios de agricultor, el segmento más expuesto es la nutrición vegetal (fertilizantes convencionales), que representa aproximadamente la mitad del total.

Roland Berger estima que, en un escenario de interrupción corta del tránsito por Ormuz (1-3 meses), los fertilizantes podrían subir entre un 30% y un 50%, mientras que un bloqueo prolongado de más de seis meses podría disparar los precios entre un 150% y un 200%, por encima incluso de la crisis anterior.

EL ALZA DE COSTES LLEGARÁ AL CONSUMIDOR FINAL
Este incremento de costes se trasladaría al consumidor final con distinta intensidad según el cultivo. Los productos de invernadero más intensivos en insumos, como tomate, pimiento o pepino, podrían registrar subidas de entre el 15% y el 25%, mientras que las hortalizas de hoja se encarecerían entre un 12% y un 20%.

También se prevén impactos, aunque menores, en categorías como el aceite de oliva, las frutas frescas o los cereales, donde los estrechos márgenes de los agricultores harán que el alza se traslade casi íntegramente al precio final.

La consultora advierte de que el golpe será "especialmente severo" para los agricultores individuales y las pequeñas explotaciones, que operan con márgenes muy ajustados.

Durante la anterior crisis muchos productores ya redujeron el uso de insumos para contener costes, una respuesta que la consultora da por probable de nuevo, con el consiguiente riesgo de abandono de explotaciones.

MAYOR CONSOLIDACIÓN EN EL MERCADO ESPAÑOL
Al mismo tiempo, el mercado español de distribución de agroinsumos, actualmente muy fragmentado con más de 700 operadores, podría acelerar su proceso de consolidación, favoreciendo a los grandes distribuidores con más músculo financiero para acopiar inventario frente a los pequeños, más expuestos a la presión sobre márgenes y a los impagos.

En este contexto, Roland Berger identifica a las soluciones biológicas -bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y productos de biocontrol- como las grandes ganadoras potenciales.

Su menor dependencia de materias primas importadas, su menor intensidad energética y sus mayores márgenes las convierten en una alternativa más resiliente y atractiva para fabricantes y distribuidores, hasta el punto de que la firma calcula que la crisis podría adelantar entre dos y tres años su adopción, especialmente en cultivos de alto valor.

El 'senior partner' de Roland Berger en Iberia y responsable del área de Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail, Fernando López de los Mozos, subraya que esta situación puede actuar como catalizador de una transición hacia modelos agrícolas menos dependientes de fertilizantes convencionales.

A su juicio, cada nueva crisis geopolítica que golpea la cadena de suministro de fertilizantes sintéticos refuerza la apuesta por sistemas más resilientes, con cadenas de suministro más cortas y un mayor peso de la innovación biológica, y la presión de costes puede hacer que esta transformación sea, esta vez, irreversible.

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