Delcy Rodríguez se consolida como interlocutora clave en la transición venezolana controlada por EE.UU.
La vicepresidenta venezolana asume un papel central en la operación estadounidense para relevar a Maduro, mientras María Corina Machado queda descartada y la legitimidad electoral se mantiene en suspenso hacia Edmundo González.
La crisis política en Venezuela alcanza un punto crítico tras la intervención estadounidense que detiene a Nicolás Maduro y a su esposa, trasladándolos a Nueva York, y sitúa a Delcy Rodríguez como la figura operativa para gestionar una transición controlada, generando un complejo equilibrio entre continuidad del chavismo, intereses económicos y tutela externa.
La operación relámpago y la captura de Maduro
El giro en Caracas se produce tras un ultimátum de Donald Trump, que exige la salida del poder de Nicolás Maduro mediante un exilio pactado. El dirigente venezolano rechaza de forma explícita la propuesta, manteniendo un discurso desafiante en medios nacionales e internacionales.
El gobierno estadounidense, interpretando estas declaraciones como un farol, ejecuta una operación militar relámpago que culmina con la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Ambos son trasladados a Nueva York para afrontar cargos por narcotráfico, mientras en Caracas la resistencia es mínima y varias instalaciones militares clave quedan destruidas sin bajas estadounidenses.
Delcy Rodríguez: la figura inesperada que gana confianza en Washington
Antes de la intervención, contactos discretos ya habían identificado a Delcy Rodríguez como alternativa provisional. Su trayectoria como vicepresidenta y su gestión de la industria petrolera bajo sanciones despiertan interés pragmático en Estados Unidos.
Un alto funcionario estadounidense resume esta percepción: “He estado siguiendo su carrera durante mucho tiempo, así que tengo una idea de quién es ella y de qué se trata”. La misma fuente enfatiza que Rodríguez no es una solución definitiva, pero sí “una interlocutora con la que se puede trabajar a un nivel mucho más profesional” que con Maduro.
El paralelismo con la Transición española
Washington compara el papel de Rodríguez con el de Adolfo Suárez en la España posterior al franquismo. La vicepresidenta encarna una figura surgida del sistema anterior llamada a pilotar una transformación controlada desde dentro, manteniendo puentes con las élites económicas y ofreciendo garantías de estabilidad política y económica.
Su perfil tecnocrático, formación jurídica en Francia y experiencia negociadora con inversores extranjeros refuerzan la idea de una transición gradual, centrada en la recuperación económica y la protección de intereses estratégicos, especialmente los energéticos.
María Corina Machado y el rechazo estadounidense
La elección de Rodríguez implica un descarte explícito de María Corina Machado, ganadora de las elecciones de 2024 según la oposición y galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Pese a elogiar públicamente a Trump y replicar sus argumentos sobre el fraude electoral, Machado no logra ganarse la confianza del mandatario estadounidense.
Trump justifica su decisión: “Es una mujer muy amable, pero no cuenta con el apoyo” necesario dentro del país. Machado mantiene su respaldo hacia Edmundo González, considerado legítimo ganador electoral, aunque Washington evita mencionarlo como interlocutor en la transición.
Gobernar sin romper con el pasado inmediato
Rodríguez se enfrenta a una narrativa interna compleja. En un discurso televisado acusa a Estados Unidos de invasión ilegal y asegura que Maduro sigue siendo líder legítimo, mientras Trump anuncia su juramentación como presidenta. La televisión estatal continúa presentándola como vicepresidenta, buscando estabilizar las fuerzas armadas y mantener la calma entre grupos leales al chavismo.
Este doble juego permite a la transición avanzar sin provocar un choque frontal con los militares ni desestabilizar la estructura institucional inmediata.
Economía, petróleo y control estratégico
El gobierno estadounidense deja claro que la relación con Rodríguez se basará en el cumplimiento de normas y objetivos estratégicos. Las restricciones sobre exportaciones de crudo se mantienen, aunque algunos interlocutores esperan flexibilización de permisos para compañías estadounidenses en Venezuela.
Trump llega a afirmar que EE.UU. tiene intención de “gobernar” durante un periodo indefinido y recuperar intereses petroleros, mientras Michael Shifter, investigador del Diálogo Interamericano, subraya: “Para Trump, la democracia no es una preocupación: se trata de dinero, poder y proteger al país de las drogas y los criminales”.
Un liderazgo lleno de contradicciones
Rodríguez, de 56 años, combina credenciales técnicas con experiencia política, habiendo estabilizado parcialmente la economía y aumentado la producción petrolera pese a sanciones. Su relación con élites empresariales y diplomáticas genera confianza entre quienes buscan reactivar la economía.
Sin embargo, nunca denuncia abiertamente la represión ni la corrupción del sistema que la llevó al poder. Según Juan Francisco García, exdiputado del partido gobernante, “La historia está llena de sectores y figuras vinculadas a dictadores que, en algún momento, han servido de puente para estabilizar el país y transitar hacia un escenario democrático”.
Su trayectoria incluye también un pasado marcado por la pérdida de su padre en prisión en 1976, hecho que describió como una “venganza personal”, mostrando un componente emocional en su relación con el poder y la política exterior.
La transición en manos de la continuidad y el cambio
El futuro político venezolano queda así en manos de una figura que simboliza simultáneamente continuidad y transformación, en un equilibrio frágil entre la herencia del chavismo y la tutela estadounidense. La operación refleja la combinación de pragmatismo, interés estratégico y cálculo político que define el enfoque estadounidense en la región, mientras la legitimidad electoral y la voluntad de la oposición se mantienen en un segundo plano.
Rodríguez asume un rol central en la estabilización de la economía, la gestión de la industria petrolera y la negociación internacional, constituyendo un puente entre el pasado inmediato y un futuro marcado por la intervención y supervisión externa.

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