Mandos "católicos" y "sin afinidad política" para apaciguar a los militares, que seguían soliviantados tras el 23F
El rey estaba al corriente y expuso ante Calvo-Sotelo que la situación militar tras el 23F era "delicada y digna de atención"
Los documentos desclasificados este miércoles sobre el 23F muestran una preocupación sobre el sentir de las Fuerzas Armadas tras la intentona golpista, habida cuenta de que se habían constatado actitudes "subversivas", y se planteó la designación de mandos "capaces de ser aceptados" por el propio Ejército para sosegar los ánimos. Entre las cualidades que se buscaba para estos jefes destacan que fueran "católicos con evidencias" y "sin afinidades políticas".
El documento 'Índices de subversión en las Fuerzas Armadas', calificado como secreto y revelado ahora por el Ministerio del Interior, expone que los ejércitos percibieron la llegada de la Monarquía con "especial aceptación" precisamente por ser "uno de los deseos" del dictador Francisco Franco y que "una gran mayoría" estuvo dispuesta a servir al nuevo rey con "total lealtad". El comportamiento de Juan Carlos I durante sus primeros meses de reinado coadyuvó a formar esa lealtad, agrega.
Pero "el descrédito de los líderes políticos, el ataque a determinados valores morales, la inseguridad ciudadana, el terrorismo, la crisis económica y las exaltaciones separatistas" causaron "una profunda preocupación" en los mandos de las Fuerzas Armadas, que empezaron a manifestar su desconfianza en el Gobierno.
El archivo ubica 1980 como "la verdadera frontera" entre la credibilidad en el nuevo sistema y la desconfianza mencionada y señala que el gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo constituido tras el golpe fallido se convirtió para los militares en "una etapa de evaluación permanente de su fidelidad a la línea de mando".
De forma paralela, "empezó a consolidarse la idea de que el mando de las Fuerzas Armadas es más una consecuencia de la habilidad política que de aptitudes profesionales propias de la milicia" y "no era extraño" encontrar "pequeñas reticencias, oposiciones administrativas, comentarios y todo tipo de iniciativas de oposición a la línea de mando como testimonios de resistencia que, simbólicamente, representan signos externos de valoración de las fuerzas inmovilistas".
Es en "el límite de esa línea de mando" donde las autoridades percibían que la figura de Juan Carlos I sufría "un deterioro personal y profesional". Para ello, proponen designar a un grupo de jefes "de prestigio, capaces de ser aceptados desde el propio Ejército, al margen de la opinión que merezcan en el ámbito civil".
El Ministerio del Interior lista las cualidades que han de tener esos mandos, entre las que figuran ser "católicos con evidencias", "sin afinidades políticas", "con experiencia operativa", reconocidos por su valor y condecorados", "con experiencia de contacto con los medios de comunicación" y "capaces de vincularse personal y familiarmente con ámbitos civiles de la sociedad", entre otras.
El objetivo último que se perseguía era "evitar que el rey asuma el control permanente del Ejército, elevando su liderazgo" y "revaluar el mando profesional" y "fomentar la idea de que el ejército, con absoluta lealtad al rey, respeta la Constitución y obedece al Gobierno".
TEMOR A UN ATENTADO DURANTE EL JUICIO POR EL 23F
En otro de los documentos desclasificados se puede leer cómo el jefe del Estado Mayor del Ejército, José Faura, advertía en febrero de 1982 --cuando se celebró el juicio por el golpe de Estado-- que "el ambiente en los cuarteles" se estaba "enrareciendo".
"Yo creo que habría que hacer algo para disiparlo o, por lo menos, contenerlo", opinaba Faura en la comunicación remitida a un interlocutor identificado como Emilio (podría ser Emilio Alonso Manglano, quien fuera máximo responsable del CESID, el antecesor del CNI).
En la misma, Faura señalaba que se estaba "juzgando a unos militares que cometieron un acto de indisciplina", e instaba a "ser respetuosos con la Justicia y aceptar su veredicto".
Además, instaba a "estar prevenidos contra un posible acto terrorista que, con toda seguridad, tendría la misma finalidad inmediata que los sectores interesados en hacer triunfar el golpe". Es por eso que pedía "redoblar las medidas personales de seguridad y vigilar con rigor las que estén establecidas en los centros y acuartelamientos".
"Hay sectores sociales que intentan manipular a las Fuerzas Armadas con propósitos no confesables. Los militares debemos estar atentos y comportarnos de acuerdo con lo que puede ser mejor para España y no para unos grupos minoritarios", alertaba.
ESPAÑA AÚN NO ES UN PAÍS ESTABLE
En otro de los documentos, remitidos por el que fuera jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campos, al director del CESID, Emilio Alonso Manglano, se adjunta un "guion que sirvió de base" para la reunión que tuvo el rey con el expresidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo, el exministro de Defensa Alberto Oliart, y la Junta de Jefes de Estado Mayor, unos diez meses después del intento de golpe de Estado, concretamente el 14 de diciembre de 1981.
En uno de los puntos, el rey afirma que "tanto los civiles como los militares" a los que tiene "el honor de presidir" son conscientes de "la importancia que para la vida del país ha tenido aquel 23 de febrero y tiene siempre la organización militar".
Es más, advierte que, aunque se ha avanzado "mucho en el camino de la democracia" en España, no está constituido "aún" como un país "totalmente estable", donde "las actuaciones de todas las fuerzas, de todos los estamentos, de todas las instituciones puedan funcionar ya con la más absoluta de las normalidades".
En este contexto, Juan Carlos advierte sobre que la situación militar, "sobre todo después del 'manifiesto de los 100' --texto que difundió Europa Press, firmado por un centenar de mandos militares antes del Consejo de Guerra denunciando un "linchamiento mediático" contra los procesados del 23-F-- es "delicada" y "digna de atención".
También el monarca apunta que la prensa "sirve de eco a esos propósitos desetabilizadores y de elemento de irritación para las Fuerzas Armadas", para las que pidió en esta reunión consideración y protección, si no es por parte de "esos medios de comunicación que tantas veces buscan el sensacionalismo y a los que resulta difícil dominar en un régimen de libertades", si lo hagan los poderes públicos, "cuya capacidad de reacción debiera ejercerse con energía y rapidez".

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