viernes, 17 de agosto de 2018 10:54
Editorial

PERO ¿QUIÉN PAGA ESTE CONVITE?

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

Rovira Tribunal Supremo


Varios colegas de aquí y de allá se preguntan de dónde sale tanto dinero para pagar casas con tres mil metros de jardin, comidas, viajes al extranjero, multas y fianzas, además de marketing, cartelería y hasta unos cuantos cientos de urnas venidas del lejano oriente pero, de momento, nadie sabe contestar a una pregunta tan sencilla.


Una piensa, entonces, que los servicios secretos de un país medianamente serio ya la habría responder hace ya bastante tiempo. Pero los nuestros, los del Reino de España, o saben y callan, o son rematadamente malos y no aciertan a entender cómo se las gastan los de su entorno y por lo tanto no sirven absolutamente para nada.


Este lunes el Juez Llarena le ha metido 60.000 euros de fianza a la co-lideresa de Esquerra Marta Rovira; pocos minutos después, la ANC ha puesto la pasta sobre la mesa, como si la cantidad fuera pura calderilla para la organización que, por lo que se ve y por lo que se intuye, tiene más dinero escondido que los Botin en sus cajas fuertes y es más generosa con los de su cuerda que los culés con el portugués André Gomes.


El viaje de Anna Gabriel a ¿Venezuela? y luego a Suiza se intuye que ha sido para recoger fondos solidarios con su causa y que luego, tras ver la residencia en la que se pega la gran vida el huido Urdangarin, darle plantón al Juez del Supremo que quiere interrogarla y quedarse en la tierra de Guillermo Tell.


Veremos qué pasa en las próximas horas, pero este asunto pinta a una versión femenina de la tocata y fuga de Puigdemont, Opus número dos, dirigida, eso sí, por otro avispado letrado próximo a ETA con minutas de 600 euros a la hora.


Si algún día, por una de esas casualidades científicas -que no políticas, ni mucho menos religiosas- se descubriera el surtidor que suministra gasolina al bólido que conduce el procés a Ítaca, es más que probable que las aguas volvieran a su cauce y que todos pudiéramos ponernos a reflexionar sobre cómo nos hemos comportado con nuestros conciudadanos, y con ello averiguáramos cuál es la causa de tanta desgracia y el cómo poder terminar con ella.


Si eso sucediera, ojalá que una nueva Madame Curie sea la que nos consiga sacar del apuro y nos descubra cuál es el origen de todos nuestros males. Entonces, seguro que todo retornaría a ser maravilloso y Catalunya volvería a ser rica y plena, como dice la canción que siempre nos ha unido.


Mientras tanto sigue la pregunta en el aire, ¿pero quién paga este convite...?



Artículo original publicado en catalunyapress.es

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