miércoles, 15 de agosto de 2018 22:38
Editorial

LA QUE NOS ESPERA…

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

Investidura de Quim Torra


Les confieso que levantarme temprano y salir a la calle me cuesta cada día más trabajo. No por falta de salud, que esa es otra pelea cotidiana, que cuando uno se tiene que enfrentar a un cáncer y derrotarlo, no es tarea de menor cuantía, sino porque cuando masacran delante de tus ojos televisivos a decenas de personas te llevas las manos a la cabeza y maldices a esa sociedad inmunizada ante semejante despropósito, entrándote, a continuación, incontenibles ganas de irte al otro barrio para no tener que aguantar a descerebrados como Trump o Netanyahu.


Pero claro, como vives aquí, te abstraes en lo más inmediato en busca de consuelo a tu asco global; ¿y qué encuentras? Pues más de lo mismo. O sea, otro campo de batalla que quema las escasas esperanzas de los ciudadanos que solo queremos convivir en paz y llegar, aunque sea justos de recursos, a final de mes.


Saludaba el periodista en su anterior artículo, en esta misma sección, la elección, por fin, de un nuevo President de la Generalitat, con moderado pero sincero optimismo, y pedía para él respeto institucional, aunque sus ideas no fueran las de todos los catalanes. Tan solo un día después, el aluvión de escritos, tuits y sobre todo un discurso institucional racista y excluyente ha cercenado toda posible credibilidad que el "ingenuo" plumilla había depositado en el personaje y su futuro como primera autoridad de Catalunya.


El que ahora estemos dirigidos por un nuevo Capitán Collons -que quiere montarnos una República bananera de buenos y malos catalanes, en pleno siglo XXI, a costa de un Estado pusilánime que no sabe defender a sus conciudadanos, y todo eso con la ayuda de un generoso grupo de palmeros que cobran del presupuesto de todos- es un chiste de muy mal gusto, por no decir una verdadera tragedia.


Pero, ¿dónde estaban guardados los escritos de Torra que todo el mundo político ahora conoce y nadie ha citado antes de su nombramiento? Y aún más, ¿los conocían los exconvergentes del PDeCat? ¿Esquerra los suscribía a espaldas de Junqueras?


En definitiva, ¿son Vds. conscientes señoras y señores diputados del bloque independentista que han nombrado a un político xenófobo con una calidad democrática residual que hace inviable la convivencia?


Qué tengo que hacer como catalán y como español: ¿Asustarme? ¿Irme? ¿Pero qué han hecho Vds. y a dónde quieren llegar?


¡La que nos espera...!



Artículo original publicado en catalunyapress.es

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