lunes, 20 de agosto de 2018 05:06
Opinión

​CATALANES SUPREMOS Y MESTIZOS

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Torra parlament investidura 14052018


Asistimos con desmayo en Catalunya a una generalización de excesos verbales con expresiones soeces, de mal gusto y preñadas de odio hacia los españoles por parte de los etnicistas catalanes. Que algunas de ellas hayan sido manifestadas por escrito y de palabra por el recién elegido President de la Generalitat es un hecho, cuando menos, desalentador.


Desde hace decenios en la discusión académica entre los tipos de nacionalismo cívico y nacionalismo étnico, el caso catalán ha sido repetidamente utilizado como ejemplo del primer modelo cívico. Con la irrupción de la DUI, los nacionalistas separatistas escenificaron un momento de inflexión reforzando los argumentos exclusivistas y supremacistas. Para ellos, y simplificando ‘ad absurdum’, Catalunya es sólo de los catalanes y los catalanes son quienes tienen sus ancestros en Catalunya. Los ‘otros catalanes’ que han venido de fuera de Catalunya, proseguiría tal línea de argumentación, son residentes que acudieron al Principado para sacar provecho de los empleos que les ofrecían los genuinos y ancestrales catalanes. Los ‘otros catalanes’ deben adecuarse, según tal visión, a lo que determinen los catalanes étnicos -aunque estos sean una minoría social y política-, y que ahora han abrazado la causa secesionista en la presente coyuntura histórica.


Las tesis supremacistas usan y abusan de afirmaciones ahistóricas y denigrantes respecto a España y a los españoles catalanes. 


En realidad, para tales planteamientos ser español y catalán es una contradicción en sus términos, e insisten en que uno no puede conllevar lo otro. Para decirlo con las palabras premonitorias formuladas hace 20 años por Joaquim Triadú i Vila-Abadal, a la sazón miembro del Comitè Executiu Nacional de Convergència Democràtica de Catalunya: ‘Quizá el casi 50% de catalanes que se consideran tanto catalanes como españoles deberían decantarse paulatinamente hacia una mayor catalanidad. La bigamia patriótica no es una buena solución para los problemas de pervivencia para las naciones sin estado’ (El País, 26.10.1996).


Ya el pensador nacionalista catalán, Enric Prat de la Riba, describía en su ensayo, ‘La nacionalitat catalana’ (1907) cómo el viajante fenicio del siglo VI antes de Cristo habría encontrado la etnos ibérica que se extendía desde Murcia hasta el Ródano, y que era "...el primer anillo...de la cadena de generaciones que han forjado el alma catalana". Para Artur Mas, en una entrevista concedida a la periodista Pilar Rahola, en Catalunya existe un ADN cultural carolingio derivado de su pertenencia a la Marca Hispánica en el siglo IX, “…un cordón umbilical que nos hace más germánicos y menos romanos” (La Vanguardia, 24.02.2012). Referencias a los fenicios, íberos y alemanes se han empleado -y se siguen empleando- a discreción para justificar la captura del poder político.


ANTECEDENTES


El recurso a los antecedentes étnicos de las diferentes nacionalidades ibéricas por parte de los nacionalismos contemporáneos a fin de acceder, mantener y acrecentar su implantación política en sus instituciones territoriales es un rasgo característico común en el milenario país ibérico. Localismos, regionalismos y nacionalismos con y sin estado suelen rebuscar en el baúl de sus peculiaridades y diferencias respecto de otros competidores en la pugna por el poder institucional. Si las diversidades están además reforzadas étnicamente por la existencia de una lengua propia, entonces la aspiración por la secesión nacionalista cobra intensidad. Para conseguir tal fin se necesita mantener una tensión sostenida y de confrontación con el exogrupo, es este caso léase España en su conjunto, excluido el territorio del Principado.


A diferencia de los postulados del nacionalismo cívico, el cual enfatiza los valores civiles de superación pactista de los conflictos, los planteamientos etnicistas auspician instrumentos para la tergiversación en el orden de lo simbólico. Contribuye a ello el hecho de que la mayoría de los ingredientes en el discurso étnico se presentan como naturales o ‘incontaminados’: descendencia, pertenencia, territorio, cultura o historia comunes. Al tiempo que se muestran como realidades palpables, no dejan de ser categorías vagas, inasibles y, en muchas ocasiones, descontextualizadas. En Catalunya, el mestizaje étnico es un hecho incontrovertible. 


Sólo lo discuten los catalanes ‘supremos’ que culpan a España de la contaminación de las purezas esencialistas catalanas, y a la inmigración como elemento de desnaturalización del alma catalana.


Mi colega y amigo, Pau Marí-Klose, hace referencia en un excelente artículo (‘Torra y la activación del etnicismo y el ‘mambo’) a la constatación de la pluralidad de la sociedad catalana. Circunstancia que había convencido tradicionalmente a amplias sectores de las élites políticas catalanas a construir una sociedad cohesionada, donde el origen por nacimiento (o nacimiento de los antepasados) no fuera un marcador de diferencias. En el nuevo discurso etnicista de los secesionistas catalanes, parece quedarse en el olvido la conocida aseveración de Jordi Pujol de que catalán era todo aquel que viviese y trabajase en Catalunya.


España es un país de textura federal y Catalunya es una comunidad plural. Bien harían ambas en buscar soluciones cabales para optimizar tales realidades. Mediante la injuria y la violencia verbal sólo recolectamos división y frustración. Con tales mimbres se manufactura un cesto de desidia y confrontación. Unidad, diversidad y pacto político siguen siendo los conocidos ingredientes para preservar nuestra convivencia. 



Artículo original publicado en catalunyapress.es

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