viernes, 14 de diciembre de 2018 02:24
Opinión

​EEUU, ENDEUDARSE PARA ESTUDIAR

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

College universidad


El joven estadounidense confronta una de las decisiones más importantes de su vida a la hora de optar por cursar estudios universitarios en uno de los más de 4.500 centros de estudios superiores del país norteamericano. Sabe bien que el título universitario puede ser el trampolín para el ingreso y promoción en un mercado de trabajo muy competitivo. La instrucción universitaria siempre se ha considerado como un ‘rito de pasaje’ muy conveniente para el éxito personal, especialmente en una sociedad de ‘ganadores y perdedores (winners and losers). Ha habido casos -cada vez menos- de triunfadores sin grado universitario. Pero la regla general -y generalizable- es que a mejor calificación obtenida en los colleges universitarios se corresponde una mejora en las expectativas profesionales de los estudiantes y una mayor retribución salarial futura.


Además de constatar un nivel requerido de conocimientos y destrezas -siempre más exigente en aquellas universidades con una contrastada trayectoria de reputación y excelencia académica- los aspirantes que han completado sus estudios de secundaria (high school) deben realizar no pocas previsiones de costes. Los cálculos atañen no solo al abono de las tasas y matrículas curriculares sino a los relativos a los costes de alojamiento y manutención. El aspirante puede solicitar su aceptación en diversos centros a la vez, y elegir finalmente uno de ellos comprometiéndose al pago de las cantidades establecidas. Salvo aquellos que puedan acceder a exenciones dinerarias mediante becas o programas de ayuda, el pago de las obligaciones académicas se realiza mediante la contribución de acomodados progenitores o familiares, o recabando préstamos sujetos a su gradual devolución durante la trayectoria universitaria y postuniversitaria.


Sucede que, según datos de fines de 20l7, más de cuatro millones de estudiantes endeudados no cumplieron con la devolución de sus pagos durante al menos nueve meses. 


Las cifras son preocupantes si se tiene en cuenta que el total de créditos que se encuentran en una situación de impago asciende a los 140.000 millones de dólares estadounidenses. Hasta el propio banco central (Federal Reserve) ha hecho sentir la voz de alarma tras conocerse que las deudas de las familias se había incrementado en el primer cuarto de 2018 hasta superar los 13 billones de dólares (millones de millones, o trillions en la jerga financiera estadounidense). El capítulo de mayor endeudamiento correspondía precisamente al de los préstamos estudiantiles.


De media la deuda estudiantil per cápita alcanza el equivalente a los 30.000 euros, y el problema del impago se debe cada vez más frecuentemente a que los jóvenes no llegan a completar sus carreras universitarias. Aquellos que dejan sus estudios se exponen en una proporción cuatro veces mayor de entrar en una espiral de impago de los créditos que aquellos que finalmente se gradúan. Desde el inicio de la nueva administración de Donald Trump, el incremento de las tasas académicas, la disminución de las ayudas públicas y las tácticas usureras de algunos bancos para aumentar los intereses han creado una ‘tormenta perfecta’ en la que se ven involucrados millones de universitarios.


A la luz de las anteriores consideraciones es conveniente remarcar algunos datos comparativos que reivindican la eficacia de nuestro Estado del Bienestar europeo, legitimado recurrentemente en las encuestas realizadas en los países del Viejo Continente.


En el caso de España es de destacar que tres cuartas partes de los españoles manifiestan su respaldo a que el Estado se ocupe de las necesidades de bienestar de todos sus ciudadanos, entre las cuales destaca el acceso a un educación universal, de calidad y ‘casi’ gratuita.


Recordemos que, según un estudio de la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas), la tasa de acceso a los estudios de grado era de un 47% en 2016, un porcentaje que asciende al 54% en el caso de los países de la OCDE y al 53% en los estados miembro de la Unión Europea. Según dicho estudio, un 35% de la población española de 25 a 64 años contaba con estudios superiores, mientras que la media de la OCDE se situaba en el 36% y la de la Unión Europea en el 33%.


TASAS EN ESPAÑA


El coste de las tasas universitarias en España es muy bajo en comparación con los de EEUU. Sirva como ejemplo de referencia el abono de la matrícula en la Universidad Complutense de Madrid para realizar, por ejemplo, estudios de grado en Periodismo o Comunicación Audiovisual. El estudiante debe completar 60 créditos y pagar unas tasas de poco más de 1.300 euros durante un período estimado de cuatro años. En Nueva York, en un centro asociado a CUNY (City University of New York) el estudiante aspirante a realizar una carrera similar debe completar 54 créditos, y a pesar de ser un centro de educación superior subsidiado por las autoridades públicas, debe abonar una cantidad en torno a los 28.000 euros.


Las disparidad entre ambas cifras en enorme, aunque seguramente no es la más crucial a la hora de elegir a la ciudad de Nueva York como lugar de residencia si tenemos en cuanta la diferencia del coste de vida entre Madrid y la Gran Manzana. Hay estimaciones en torno a que el coste de la vida en la ciudad de los rascacielos es un 50% mayor que en la villa madrileña. Según un colega y buen amigo del redactor de las presentes líneas, si el cálculo hubiera de realizarse respecto al barrio neoyorquino de Manhattan, entonces debería aplicarse el factor 3 a 1. Es decir, que al costo de un alquiler de, digamos, 1.000 euros en Madrid, debería corresponder uno de 3.000 euros y así sucesivamente con los demás gastos ‘ordinarios’.


Me comenta mi sobrino Joaquín, atento a las novedades editoriales en su blog, que para dentro de unos meses se anuncia la publicación en español de una nueva novela del popular escritor John Graham. En esta ocasión se trata de la historia de tres jóvenes que deciden estudiar Derecho en Washington con grandes ilusiones de aprender y practicar positivamente la jurisprudencia. Pero al alcanzar el tercer año de la carrera, se dan cuenta de que han sido víctimas de un fraude, tras pedir un cuantioso préstamo para estudiar en lo que resulta ser una escuela de segunda categoría, centrada tan solo en ‘enseñar’ cómo ganar dinero.


La parábola del caso de los estudiantes estadounidenses endeudados invita a reflexionar sobre nuestro Modelo Social Europeo. 


En especial a las generaciones jóvenes de nuestras sociedades continentales a menudo hechizadas por el glamour de una cierta cultura anglonorteamericana. Una cultura en la cual se predica insistentemente la máxima, ‘tanto ganas, tanto vales’. Sucede que, como ilustra el caos de los préstamos universitarios en EEUU, para ganar más tienes que pedir prestado y, naturalmente, pagar tus deudas. Algo que se hace cada vez más difícil para aquellos jóvenes sin medios económicos que no cuentan con la ayuda de una enseñanza publica de calidad financiada por todos los contribuyentes. Nuestros estudiantes quedan prevenidos de estas prácticas de darwinismo social. 



Artículo publicado inicialmente en Catalunyapress.es

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