martes, 20 de noviembre de 2018 22:51
Editorial

SE VA EL CAIMÁN, PERO ¿A DÓNDE?

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

Franco hitler


Los diputados progresistas del Congreso acaban de votar la salida de los restos del Dictador y asesino Francisco Franco de la Basílica del Valle de los Caídos donde habían sido colocados por el último gobierno franquista a su muerte en 1975.


La bancada post franquista formada por los también diputados del Partido Popular y de Ciudadanos se han abstenido en bloque, desaprovechando la histórica oportunidad de que con ellos no va la herencia del Antiguo Régimen, algo que es políticamente muy difícil de explicar en el actual momento histórico en el que nos encontramos.


¿Cuándo podrá el Gobierno Sánchez ejecutar esta decisión parlamentaria? Nadie lo sabe. ¿Conseguirá el Ejecutivo doblar judicialmente las querellas de los nietos del Dictador que se han negado públicamente al traslado? Hay dudas. ¿Y la iglesia católica dejará hacer la exhumación? Algo dejará, pero poco. ¿A qué panteón será trasladada "la momia" del Generalísimo, tal y como la ha llamado su nieto Francis? Se admiten apuestas ahora que los ludópatas españoles disfrutan de una ingente oferta de multinacionales del juego.


En los años cincuenta llegó a España la canción "Se va el caimán, se va el caimán...". Los españoles enmudecidos por la censura, y aterrorizados todavía por el recuerdo de "los paseos nocturnos", la adoptaron enseguida, como si fuera propia.


La cantaban a grito pelado en las verbenas, pese a que la censura la había prohibido y en las radios estaba prohibido emitirla.


Se pensaba entonces que las potencias democráticas echarían a patadas democráticas al amigo y aliado de Hitler y Mussolini. Pero claro, no contaban con que a los americanos ya les iba bien un "títere" en una Europa en la que la antigua URSS marcaba paquete bolchevique asfixiando, "presuntamente" a las muy débiles democracias europeas. Así que, contra todo pronóstico, Franquito se quedó y con su permanencia, llegaron las bases yankees, y con ellas, otro general llamado Eisenhower, que cubrió al Dictador fascista con la bandera de las barras y las estrellas hasta que murió en su cama un 20 de noviembre de 1975.


Por eso el caimán no se fue a Barranquilla como decía la canción hispano colombiana. Y como consecuencia del trabajo de campo que hicieron sus partidarios durante 40 años, y más tarde en la Transición, ahí sigue dándonos el coñazo hasta incluso más allá de lo que es lógico y humanamente comprensible.


Señoras y Señores diputados, acaben de una vez con esta vergüenza nacional y regalen a las nuevas generaciones de españolitos la oportunidad de enterrar definitivamente a Francisco Franco Bahamonde en la irreversible fosa del olvido. Brindemos por ello: Salud y Libertad.



Artículo original publicado en catalunyapress.es

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