domingo, 18 de noviembre de 2018 09:21
Opinión

UNA POLÍTICA COMPETENTE Y HUMANA

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Soledad becerril


Estaba casada con un marqués cuando Leopoldo Calvo-Sotelo la nombró ministra de Cultura (era en 1981), y la última ministra que hubo en el Gobierno de España, Federica Montseny, la felicitó. 


Se trata de Soledad Becerril, una política liberal, trabajadora, suave y amable. Había sido diputada con Adolfo Suárez, y procedía del PDL de Garrigues Walker. El 23-F estaba en la Mesa del Congreso, sentada junto a José Bono. Ahora, jubilada y alejada de la política, sola con sus dudas y sus pensamientos, ha escrito un libro de fragmentos de memoria: 'Años de soledad' (Galaxia Gutenberg).


Digamos que, siempre abriendo paso, fue la primera Defensora del Pueblo (2012). Y que, ya con el PP, esta madrileña licenciada en Filología Inglesa llegó a ser la primera alcaldesa de Sevilla (1995). La vida municipal, señala, no tiene descanso, y estaba 'obligada' las 24 horas del día. Y subraya que fue extremadamente cuidadosa en sus gastos personales como alcaldesa, guardando facturas de todo.


Hace justo veinte años, los etarras asesinaron a sangre fría y por la espalda a un matrimonio sevillano; él era el segundo teniente de alcalde de Sevilla. Después de dar una charla en un colegio mayor acerca de la Transición, a la que asistieron Alberto y Ascen (37 y 35 años, respectivamente), la alcaldesa Soledad Becerril volvió a casa. Ya de madrugada, una llamada le despertó para informarla del doble crimen.


Cuando telefoneó al hermano de Ascen, “no sabía cómo iban a resistir lo que tenía que comunicarles. Por eso tensé la voz, sin pausa alguna y sin dar respiro a quien me escuchaba, dije lo que acababa de suceder y, dada la incredulidad y turbación que mostraban, tuve que repetírselo varias veces. Debió ser terrible para ellos escucharlo”.


Los tres hijos que quedaron huérfanos tenían 3, 6 y 9 años. Soledad supo, tras la detención de los asesinos, que tres días antes de la matanza, la habían esperado con un coche bomba al salir de casa. El dispositivo que uno de los miembros del comando manejaba desde la calle para accionar el receptor, no funcionó cuando pasaron: “el conductor Diego Gago, el policía municipal y yo misma nos libramos de aquel atentado, pues el coche en el que íbamos no tenía sistema de inhibición alguna”.


Hay maldades especialmente repugnantes. Hay que estar podrido por dentro para festejar a los autores de estos actos.

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