domingo, 20 de octubre de 2019 16:32
Opinión

PARA SABER QUE HABRÍA ELECCIONES, NO HACÍA FALTA UNA BOLA DE CRISTAL

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Pues sí, todos los presagios sobre una repetición electoral que se intuían estas últimas semanas se han cumplido. No hacía falta consultarlo a la bola de cristal de la bruja Fulgencia. Los números y sobre todo las actitudes de los líderes políticos de las distintas formaciones hacían prever lo sucedido: nuevos comicios el próximo el día 10 de noviembre. Es el triunfo de la incapacidad de los nuevos políticos para tragarse su orgullo de gallitos e intereses partidistas para tener una visión de Estado que requiere generosidad política, capacidad de negociación y altura de miras. No sé quien dijo que "lo que no puede ser, no es y además es imposible". Es un buen refrán que define bien lo que ha estado sucediendo hasta ahora.


El hombre de "Estado" que pretendía ser en sus inicios, Albert Rivera, ha desembocado en el pretendido golpe de efecto que, a pocas horas de terminar el plazo límite, sacaba pecho y ofrecía una propuesta que él sabía de antemano que era ya imposible y parecía sacada de la chistera de un dirigente que está pasando sus horas bajas. Rivera no ha querido que nadie lo señale como el culpable de la convocatoria ¿Presionado por quién? ¿Sus padrinos en el inicio de su carrera política? Después de su largo silencio estival, sin explicación alguna, y con lo que estaba sucediendo, algún gesto mediático tenía que hacer de cara a los nuevos comicios que todos daban ya por cantados.


Rueda de prensa del presidente Sánchez en el Complejo de La Moncloa tras reunirse con el Rey en Zarzuela


La explicación que daba Pedro Sánchez para rechazar su investidura la justificaba con el hecho de que "no hay la mayoría necesaria que garantice la investidura" y, claro, con esa premisa y algunas más que calla Sánchez, no está dispuesto a dar otro espectáculo. El ya candidato socialista le ha reprochado a la derecha que no se abstuviera, y a la izquierda de Iglesias, que esta jugada se la había hecho ya cuatro veces: dos en el 2016 y otras dos este año; vamos, que no le inspiraba ninguna confianza tener al líder morado en el consejo de ministros haciendo unas veces de Pepito Grillo y otras de salvador de la patria.


Sánchez explicaba a los medios que él quiere un gobierno moderado que vele por todos los ciudadanos y que apueste por el interés general del país. Una frase que da el pistoletazo de salida a una carrera que se ha iniciado hace ya un tiempo.


Habrá elecciones el 10 de noviembre, con la incógnita de si los nuevos resultados pueden facilitar la constitución del gobierno y, si PP sube, Ciudadanos y Unidas Podemos también sufrirán una baja de votos importante. Sea como sea, si la situación final vuelve a ser la misma que tenemos ahora, ¿para qué habrán servido? ¿Quizás para otro cambio de cromos en el apoyo al nuevo gobierno? O quizás complicará las cosas aun más. La única certeza que hay para no equivocarse, es que las elecciones están a la vuelta de la esquina, en un otoño que se prevé caliente.


Artículo original publicado en catalunyapress.es.

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