lunes, 1 de junio de 2020 02:14
Opinión

BARCELONA AVANZA, MADRID RETROCEDE

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Según la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la contaminación no mata. Pese a que científicos cualificados han respondido que sí lo hace, y de forma inapelable, la máxima representante política de la región madrileña calla. Parece mantenerse un negacionismo al que, en los últimos tiempos, tan acostumbrados estamos por parte de políticos populistas (Trump y el cambio climático, por ejemplo). No sería este el caso del líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP), Sebastian Kurz, antes populista xenófobo, y que acaba de suscribir un acuerdo de coalición de gobierno con Los Verdes, formación que defiende políticas de saneamiento medioambiental y contra el cambio climático.


Podrá argüirse que Kurz es representante de un populismo de nuevo cuño, pero no se trata de un populismo hermafrodita válido para un roto o descosido gubernamental. En la ceremonia de confusión que supone meter a todos los populistas que en el mundo son en el mismo saco, caemos a menudo en el grave error de motivar la desafección ciudadana al escuchar repetir aquello de "todo los políticos son iguales". Y los beneficiados, claro está, no son otros que aquellos que pescan en el río revuelto de la demagogia y el sinsentido políticos.


Madrid ciudad (imagen archivo)


En aras de la clarificación semántica y conceptual, conviene recordar que "populismo" a secas quiere decir poco, más allá de su uso como arma arrojadiza entre líderes y partidos políticos enzarzados en la liza electoral interminable. ¿Qué mejor esclarecimiento que añadir adjetivos calificativos al sustantivo del populismo? En realidad tales adjetivos deberían cumplir su función clarificadora resaltando específicamente las propiedades que se le atribuyen al populismo en cuestión. Así, por ejemplo, reaccionario complementa el tipo de populismo desplegado por el presidente estadounidense Donald Trump ('Make America Great Again'). Debe recordarse que “reaccionario” es un término referido a ideologías o personas que aspiran a instaurar un estado de cosas anterior al presente. Y eso es lo que Trump sigue ofreciendo a los electores estadounidenses, ahora que encara la recta final de las próximas elecciones presidenciales. Poco importa saltarse los postulados neoliberales y abrazar la causa del proteccionismo rampante ahora aceptada por el capitalismo anglo-norteamericano.


El populismo de la presidenta Ayuso también podría calificarse como de “reaccionario”. Y ello no es tanto el resultado de referir sus palabras a la ideología de un partido de derechas. Lo es, más bien, en referencia a la política de retrotraer las cosas a como estaban en el pasado, como es el caso del tráfico imposible de la villa madrileña. En realidad, es una propuesta de volver a los tiempos anteriores a las iniciativas de la alcaldesa Manuela Carmena, quien frente a presiones de todo tipo intentó limitar, aún tímidamente, la creciente emisión de la combustión maligna que mata a residentes y visitantes en Madrid.


El contraste lo ofrece puntualmente la ciudad de Barcelona, la cual acaba de estrenar una ZBE (Zonas de Bajas Emisiones) contra la contaminación atmosférica, y que además es una de las más extensas de Europa. La medida cuenta con el apoyo del ayuntamiento Barcelona, del Área Metropolitana de Barcelona y de la Generalitat. Los efectos, pese a los pocos días de su entrada en funcionamiento, hablan por sí mismos. La reducción del tráfico al día siguiente de su puesta en funcionamiento ha sido de un 7,5% respecto al 2 de enero del año pasado. Según informaciones facilitadas por el Servicio Catalán de Tráfico, y durante la franja horaria entre las siete y las diez de la mañana, accedieron a la Ciudad Condal, y sus cuatro municipios colindantes más populosos, seis mil vehículos menos y salieron de ello casi cinco mil menos. Las cifras hablan por sí mismas.


Entre tanto, el alcalde madrileño, José Luis Martínez-Almeida ha promovido una moratoria para que algunos vehículos más contaminantes puedan entrar y circular en las calles madrileñas. Su objetivo de eliminar el Madrid Central de Carmena ha sufrido diversos reveses judiciales, aunque no desecha la posibilidad de conseguirlo con alguna otra triquiñuela que permita el retroceso a la situación anterior. Para Martínez-Almeida el plan de Barcelona es una "engañifa".


Seguramente también piense que no deben ponerse trabas los efectos deletéreos de la venta de automóviles. Pero los ciudadanos, aunque sea en porcentajes moderados, empiezan a pensárselo más detenidamente antes de comprarse un coche nuevo. Y ello pese al martillo pilón publicitario que anima a los consumidores a adquirir coches SUV, "…por sólo 250 euros al mes" (sic). Nótese que las ventas de coches han caído casi un 5% en 2019, y se trata del primer descenso en siete años. Esperanzador, en la medida que pueda indicar una tendencia de futuro, las matriculaciones de vehículos electrificados, híbridos y de gas alcanzan las 162.417 unidades, un 40,7% más respecto a 2018.


Es desalentador sufrir las consecuencias para nuestra salud de las políticas negacionistas. Lo es igualmente sufrir toda clase de afirmaciones acientíficas y asociales que pretenden sostener la lógica infernal de un sistema mercantilista que nos lleva inexorablemente a la desnaturalización. Y lo es crecientemente asistir a una pugna política entre 'minus habens' enzarzados en el canallismo verbalista aumentativo. ¿Qué se puede esperar, por ejemplo, de representantes institucionales que aseveraban que en el gobierno de Sánchez el nuevo Ministro de Hacienda podría ser un etarra?


País, paisaje y paisanaje… ¡Que viva Barcelona...!

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