lunes, 6 de julio de 2020 07:41
Editorial

¡Y UNA MIERDA! QUE MI MENDA NO HA FIRMADO NADA

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

Anda el patio mediático sin encontrar sosiego, especialmente en el Madrid de los Abascales y de las Ayusos por el pacto contra natura de los Pedristas con Bildu y sus afluentes post-etarras. La fiesta, esta vez, no la van a pagar solamente los ciudadanos, puesto que el error del primer secretario del PSOE le puede salir caro a los socialistas, ya que las próximas elecciones en Euskadi pueden ofrecernos la tentadora oferta de que haya un nuevo lendakari bajo las siglas del propio Bildu, del PSE, y por supuesto del diablo cojuelo en este asunto llamado Podemos. Si eso sucediera al PNV se le van a abrir sus ansias independentistas y regalarnos un Euskadi ingobernable en una España rota y herida de muerte, y al Presidente  se le acabará el buen rollo vasco.


Bildu


Y en este punto es donde unos miramos a Europa y esperamos de ella, por una parte, generosidad en los préstamos, pero sobre todo, exigirle a aventureros como el Premier español, que se las tengan tiesas con quien ha demostrado ser un socio poco fiable de gobierno, que ha puesto a empresarios grandes y pequeños, léase CEOE y Cepyme, en estado de guerra por un asunto que no les atañe directamente, y que no debería dilucidarse sin contar con su mejor criterio, ya que para resolver tan ingrato tema, como son las relaciones laborales, quienes más saben, son los representantes legítimos de los empresarios y por supuesto los sindicatos de clase agrupados en diferentes siglas, además de que un estado de emergencia sanitaria no es el mejor momento para tratar un tema tan delicado, salvo que quienes lo hacen, quieran premeditación, alevosía y nocturnidad, notas de prensa a las doce de la noche, aprovecharse de la situación.


 Todos sabemos, menos Irene Montero, que Pablo Iglesias es un aventurero de la política. Y por todo ello, estamos ante un dirigente político que  busca el desorden y las votaciones a la búlgara para establecer una relación bolivariana entre ciudadanos y poder, que no es de recibo en Europa, pues exterminaría la democracia en la Unión Europea, si se juntan cuatro dirigentes como él en las vecinas Alemania, Francia o Italia. Por si nadie se ha dado cuenta, al personaje, ya le va bien lo de las viviendas para todos, gratis total, mientras él y su señora viven de lujo en la casona de Galapagar. Tampoco dejan de suspirar y airear sus reivindicaciones cuando se trata de subir al máximo el mal llamado ingreso mínimo vital, que nadie sabe como un estado como el nuestro con una Hacienda en ruina puede llegar a pagar sustento a tanto futuro cliente/votante podemita.

Como bien decía William Shakespeare: “La miseria depara al hombre extraños compañeros de cama”. Y si esa máxima se perpetua en la sociedad española , nos deja fácilmente en el futuro más próximo de ruina económica, la conocida imagen de la famélica legión que muchos hemos cantado durante  tantos años en la Internacional de Pierre Degeyter.


A partir de ese caldo de cultivo renacen los líderes populistas, confortablemente instalados en el comunismo de salón, con minorías del 10% de inscritos que encuentran su razón de ser en la existencia de ultraderechistas que nacen y se desarrollan en el mismo caldo de cultivo de la incompetencia política. Los extraños compañeros de cama Vds. los han podido apreciar en los últimos pactos acordados en el mismo Congreso de los Diputados. Mientras los ciudadanos perdían a parte de su familia por el coronavirus y el trabajo que les sustentaba se les iba de las manos abocados a la más triste de las miserias, se escuchaba  la voz firme  de los  que han resucitado de sus cenizas, sonora chulería, de que lo que se firma hay que cumplirlo. Perdonen Vds.: ¡Y una mierda! Que mi menda no ha firmado nada.

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