domingo, 20 de mayo de 2018 16:03
Opinión

Elecciones anticipadas

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

A la vista está que la suspensión cautelar que ha dictado el Tribunal Constitucional no va a frenar las reivindicaciones soberanistas del Govern de la Generalitat, ni tampoco la de sus aliados en pos de la consulta del 9 N. Habrá, eso sí, una nueva intervención de los magistrados del Alto Tribunal que tendrán que contestar a los recursos que presentará el Govern de Artur Mas y el Parlament, esta vez, con argumentos mas sólidos y contundentes.

A la vista está que la suspensión cautelar que ha dictado el Tribunal Constitucional no va a frenar las reivindicaciones soberanistas del Govern de la Generalitat, ni tampoco la de sus aliados en pos de la consulta del 9 N. Habrá, eso sí, una nueva intervención de los magistrados del Alto Tribunal que tendrán que contestar a los recursos que presentará el Govern de Artur Mas y el Parlament, esta vez, con argumentos mas sólidos y contundentes. Y tras ellos, y dado que las dos partes no esperan ninguna novedad en el contencioso, entraremos de lleno en el denominado Plan B de las formaciones independentistas que han apoyado el referéndum, que apunta directamente a unas elecciones anticipadas y plebiscitarias antes de las municipales que buscarían la consecución de una mayoría absoluta determinante con la que seguir presionando al Estado indefinidamente hasta que éste ceda o suba un peldaño mas en su firmeza, enquistando la situación hasta límites insoportables, lo cual, evidentemente, es una muy mala noticia para todos, especialmente para los que defendemos la convivencia y el diálogo por encima de los intereses partidarios o políticos.


Y, sin embargo, hay que tener esperanza y, sobre todo, seguir peleando para que la "intransigencia" no se adueñe de nuestro día a día, para que nuestra pequeña nación sin estado no se convierta en otra Irlanda en la que los odios y los años de desesperanza llenaron la vida de varias generaciones con unos resultados tan estériles que, aún hoy, el odio contenido camina en paralelo a la muy triste paz conseguida cuando Londres y el IRA se dieron cuenta de que no llegaban a ninguna parte por el camino que habían emprendido. Aquí, en Catalunya, gracias a Dios, aún no hemos comenzado a "faltarnos al respeto" de semejante manera, ni tampoco vivimos en el infierno que fue Euskadi, porque todavía conservamos el margen de la tolerancia que hemos sabido mantener porque aún sentimos el orgullo de ser una sociedad civilizada y pacífica, pero si no hacemos "algo más" entre todos, podemos encontrarnos con una escalada de desencuentros que, como ya anunciaba ayer el nada moderado Conseller de Presidència Francesc Homs quien, al conocer la suspensión cautelar del Constitucional, no se cortaba un pelo al afirmar que tal decisión "tendrá consecuencias mayúsculas".


¿Cuáles?: ¡chi lo sa!. Tal vez, las que ningún político ha querido detallar expresamente por temor a que lo lapiden. A partir de ahí, la imaginación? la carga el diablo.

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